Jorge Morocho luego de un día de trabajo en construcción. Foto cortesía

“Desde que llegué a esta ciudad empecé a trabajar en el área de la construcción”, dijo Jorge Morocho mientras caminaba rumbo a su casa después de un largo día de trabajo bajo el sol ardiente de la estación de verano. “Me toca enviarle dinero a mi familia que vive en Ecuador”.

Morocho tiene 3 hijos, dos varones y una mujer de 26, 22 y 20 años respectivamente. Morocho lleva 19 años viviendo en Nueva York y el estar lejos de su familia no ha sido fácil, pero “trabajo para que nos les falte nada”.

Morocho recuerda que al llegar le dijeron que se parara en la calle 69 de Woodside y que ahí iba a conseguir empleo. “El primer día un italiano me llevó y desde entonces trabajo con él”, recuerda Morocho con entusiamo.

Morocho contó con la suerte de conseguir un empleo fijo en el área de construcción desde el primer día que piso la calle 69 en Woodside, Queens, donde se reúnen los jornaleros a diario para poder ganarse el pan de cada día.

Morocho dijo que no se puede quejar porque le ha ido bien. “Es un trabajo muy fuerte, muy duro y a veces hay que soportar las temperaturas, los cien grados en verano o bajo cero en el invierno”, dijo Morocho y afirmó que sus ingresos le dan tranquilidad.

Morocho dijo que en sus ratos libros le gusta ir al parque a correr, le encanta leer libros o disfrutar en la intimidad de su hogar en sus días libres. “Trabajo seis días a la semana y a veces hasta los siete días”, añadió Morocho.

Ahora en la ciudad de Nueva York se requiere que los trabajadores de construcción tomen los cursos de OSHA. “Yo tomé OSHA cuando los cursos eran de diez horas y ahora el italiano me dijo que nos va a pagar el de las treinta horas”, concluyó Morocho luego de laborar en construcción bajo un radiante sol de verano.

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