Sasha con su papá, el presidente Obama, en Panama City, estado de Florida.

“Así somos en los Estados Unidos y nuestro compromiso con libertad religiosa debe seguir inquebrantable”, dijo el presidente Obama de la construcción de una mezquita cerca al lugar en donde fueron derribadas las Torres Gemelas. “Los musulmanes tiene el mismo derecho a practicar su religión que cualquier otra persona”.

El presidente hizo este pronunciamiento el pasado viernes en la Casa Blanca frente a un nutrido grupo de personas que celebraban el mes del santo musulmán del Ramadán. Obama pasó unos días de vacaciones en El Caribe en compañía de su esposa y dos hijas.

Sin embargo, el presidente Obama no ha dicho de manera contundente que aprueba la construcción del centro islámico y la mezquita a pocas cuadras de la Zona Cero. “Mis comentarios se relacionan al derecho de las personas que tienen desde la creación de esta nación y no a la decisión de construir una mezquita en ese lugar”.

La Casa Blanca insiste en que el presidente Obama no se está retractando de lo dicho, sino que no desea inmiscuirse en asuntos locales como la construcción de la mezquita. Sin embargo, ha convertido este asunto en un tema importante en las elecciones de noviembre de este año.

El próximo mes se conmemoran 10 años del ataque terrorista en el bajo Manhattan, en la Zona Cero. Este ataque siempre ha sido asociado a los países árabes en donde se practica el musulmán. En una encuesta se determinó esta semana que el 70% de los estadounidenses no están de acuerdo con la construcción de una mezquita a pocas cuadras del World Trade Center.

La mezquita fue aprobada por la ciudad de Nueva York y tuvo la bendición del alcalde Bloomberg, de origen judío. El costo de la mezquita es de 100 millones. En ese mismo edificio funciona desde hace años una mezquita para la oración, la cual planean renovar para hacerla más moderna.

La Casa Blanca no se había pronunciado al respecto, pero el presidente Obama aprovechó la presencia de los musulmanes para hacer las declaraciones. El secretario de prensa Rober Gibbs había dicho que esa era una controversia local, que le pertenecía sólo a la Gran Manzana.

La Liga Antidifamación, que protege el interés de los judíos, se pronunció en contra de la construcción de la mezquita, así como también la ex gobernadora de Alaska y ex candidata a la vicepresidencia de los Estados Unidos, Sarah Pailin. Lo mismo hizo Newt Gingrich, ex líder de Cámara de Representantes.

“Nuestra capacidad de mostrar no sólo tolerancia, sino respeto hacia quienes son diferentes a nosotros, representa un modo de vida, una doctrina intrínsecamente estadounidense, que contrasta notablemente con el nihilismo de quienes nos atacaron en aquella mañana de septiembre, y quienes siguen participando hoy en conspiraciones contra nosotros”, dijo el presidente Obama.

“Este no es un asunto de ley, de libertad de religión o de zonificación. Es simplemente de respeto a un momento muy trágico de nuestra nación”, dijo John Boehner, representante de Ohio y líder de la minoría.