POR JAVIER CASTAñO

La organización NICE realizó una movilización este martes para honrar la muerte de dos obreros de la construcción. Marcos Salas, quien murió el pasado 16 de julio cuando se cayó de un andamio en la calle 36 y la avenida Lexington de Manhattan, en donde se guardó un minuto de silencio por su memoria.

Salas tenía 59 años y había sobrevivido el Coronavirus. Tres de sus compañero de construcción también resultaron heridos.

Otro obrero que murió el pasado 3 de junio fue Wilson Flores, de 32 años y padre de familia.

“Murieron por la negligencia de empresas que sólo piensan en ganar dinero y no en la seguridad de los obreros”, dijo Manuel Castro, director de NICE. “Ningún otro obrero debe morir y estamos aquí reconociendo su trabajo, sudor y lágrimas”.

La movilización comenzó frente a la oficina del gobernador Andrew Cuomo en la calle 41 y la Tercera avenida de Manhattan. Alrededor de 50 obreros latinos exigieron que se incrementen las regulaciones en los sitios de construcción, se incrementen las multas por accidentes, se aumenten las penalizaciones para los contratistas que roben salarios y que sea más fácil presentar demandas por robo de salario.

“Los contratistas son los que se roban los salarios y los latinos somos los más perjudicados”, dijo el obrero Eduardo Redwood, quien habló de la falta de experiencia en el trabajo de muchos obreros de la construcción que son nuevos inmigrantes.

La senadora estatal Jessica Ramos, quien participó en la movilización con sus dos hijos menores, puso el dedo en la llaga: “Las contribuciones de dinero a los políticos son las que impiden los cambios en las leyes, pero ojalá que después de esta pandemia nos comiencen a tener miedo porque nos estamos organizando”.

La senadora Ramos introdujo dos proyectos de ley que pasaron recientemente. Uno (Sweat Bill) que impone un derecho de retención de los bienes del constructor para que el obrero pueda reclamar los salarios robados. El otro obliga a llevar un registro de las circunstancias que conllevaron a las muertes por accidentes de construcción. Solo falta que el gobernador Cuomo estampe su firma, si decide hacerlo.

“Desde que tuve un accidente de trabajo el año pasado, el dolor es fuerte y la demanda va muy lenta, pero estoy con vida”, dijo Guadalupe Jiménez al comienzo de la movilización. “No somos trabajadores desechables, el gobierno no nos tiene en cuenta y los políticos nos usan como bandera”.

La obrera Inés Arévalo dijo que la vida no tiene precio y que la sobrevivencia dependen de las condiciones de trabajo. “Ahora tenemos el deber moral de exigir un trato digno y respeto porque queremos construir una nueva América”, dijo Arévalo luciendo orgullosa su casco de obrera.

Los manifestantes gritaban “Ni un caso más”, “El pueblo unido jamás será vencido” y “Nosotros también somos trabajadores esenciales”.

El concejal Carlos Menchaca dijo que los obreros “necesitan recursos y justicia”. Jessica González-Rojas, quien recientemente derrotó al asambleísta Michael DenDekker en las elecciones primarias del Partido Demócrata, gritó a todo pulmón, “Cuomo escucha, estamos en la lucha”.

Luego de dos minutos de silencio para honrar a los obreros muertos, el grupo  se desplazó al Bryand Park de la calle 42 a comer “tamalitos”, una costumbre de la organización NICE. Algunos eran picosos.