El distrito histórico o 'French Quater' sobrevivió Katrina. Fotos Javier Castaño.

El domingo 29 de agosto se cumplen cinco años desde que el huracán Katrina azotara la costa estadounidense del Golfo de México.

El devastador huracán cobro la vida de más de 1.800 personas y desplazó a más de un millón de personas de sus hogares.

La ciudad de Nueva Orleans, en Luisiana, conmemorará el aniversario con varias ceremonias y la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

El 80% de la ciudad de Nueva Orleans quedó sumergida en agua por la inundación, tras el fallo de los muros de contención.

A medida que se desarrollaba la crisis, algunos residentes quedaron varados en los techos de sus casas inundadas esperando ayuda durante días.

Aunque la mayoría de la región fue reconstruida, algunas áreas de Nueva Orleans continúan reponiéndose de la tragedia

Aun, residentes de Nueva Orleans no han regresado a sus hogares y más de 50.000 casas se encuentran abandonadas.

El huracán Katrina también destruyó casas en los estados de Mississippi y Alabama.

VOA

La reconstrucción de la vivienda continúa en New Orleans.

LOS LATINOS AYUDAN A RECONSTRUIR KATRINA

(Esta crónica fue escrita un año después de la inundación de Katrina y se enfoca en la presencia de los latinos. Desde entonces su situación no ha cambiado mucho)

El agua salada que inundó a Nueva Orleáns ha regresado al Golfo de México. El huracán Katrina hizo estragos el pasado 29 de agosto, pero la ciudad ha comenzado a renacer con la ayuda de la comunidad hispana.

Alrededor de 50,000 hispanos han llegando de Honduras, El Salvador, Nicaragua, México y de estados aledaños como Florida y Texas. Viven en casas abandonadas, campamentos improvisados o almacenes malolientes y nadie les pregunta por su documentación. Sólo les exigen que trabajen de sol a sol por un sueldo ínfimo y que se queden callados.

El trabajo de los latinos ha ayudado a la reconstrucción de New Orleans.

Remueven escombros, hacen limpieza, quitan y ponen ladrillos, pintan paredes y destapan cañerías, mientras que los senadores debate en Washington un proyecto de ley que busca convertirlos en criminales y penalizarlos.

“La ciudad de Nueva Orleáns es ahora tierra de nadie, muchas leyes y regulaciones no se están implementando, y las autoridades prefieren mirar hacia otro lado”, dijo a El Diario/La Prensa la politóloga de la Universidad de Nueva Orleáns, Susan Howell. “Y la confrontación entre negros e hispanos aún no ha comenzado porque todavía hay muchos trabajos disponibles…”.

Eran las 11 de la mañana de un sábado casi primaveral y el mexicano Gerardo Bolaños acomodaba ladrillos en la acera del hotel Wyndham. Desde que llegó de México hace dos mes, Bolaños ha trabajado en varios oficios de limpieza y dijo sentirse a gusto reconstruyendo los andenes. Gana 15 dólares por hora, trabaja 10 horas diarias, seis días a la semana. “Es muy duro el trabajo, pero no he conseguido algo mejor”, dijo Bolaños mientras se masajeaba la espalda. A su lado se encontraba su compatriota Carlos Martínez. Al otro lado del andén se hallaban los brasileños Taulo Moutinho y Pablo Bahia, esparciendo cemento y limpiándose el sudor. Llegaron de Florida en busca de un mejor salario.

La presencia de los latinos se siente en todo New Orleans.

A pocas cuadras del hotel está el centro comercial Riverwalk, que casi nadie visita y en donde no ha sido reinstaurado el servicio telefónico, siete meses después del paso del huracán Katrina. Los hondureños Daniel Romero, Luis Rodríguez y Marco Romero juegan billar durante su hora de almuerzo. Trabajan en mantenimiento en el hotel Hilton que está cerca de la Plaza de España y ganan de 9 a 13 dólares por hora. “La mayoría de los hispanos que vivían en esta ciudad antes de Katrina se fueron para Texas o Atlanta”, dijo Daniel Romero, quien vive en Nueva Orleáns hace cuatro años. “Y conseguir trabajo es fácil porque la comunidad negra decidió abandonar la ciudad en busca de la ayuda del gobierno”. Romero habló de la carestía de la renta: antes del huracán Katrina pagaba 225 dólares al mes por un cuarto y ahora está pagando 400 dólares.

Debido a la escasez de vivienda, muchos latinos invaden las propiedades abandonadas y encuentran la muerte. Es el caso de los hondureños Melvid Murillo, Miguel Cantor y Germán Morazán, quienes murieron en una casa abandonada en Orleáns Parish por inhalar los químicos de un generador de gasolina que usaron para cocinar y calentarse. Sus cuerpos fueron hallados el sábado 4 de marzo y al parecer habían muerto hacía dos días. De acuerdo al periódico The Times-Picayune, en la zona de Jefferson Parish también han muerto de la misma forma otros seis inmigrantes indocumentados de origen hispano.

En el complejo de apartamentos Redwood del barrio Kenner, cerca al aeropuerto Louis Armstrong, sobrevivían miles de hispanos que debieron buscar albergue en otra parte. El huracán destruyó esta área y ahora es tierra de nadie, sin luz y sin agua. El taxista colombiano Fernando Sarria habla con nostalgia de este vecindario y espera que Nueva Orleáns vuelva a realizar las convenciones que hicieron famosa a esta ciudad. Antes del huracán Katrina habían 1,200 taxis y actualmente hay 150, aunque la tarifa es la misma.

Un viaje del hotel al centro de la ciudad cuesta 28 dólares, pero dar la vuelta por la zona de Lakewood, en donde el agua de Katrina cubrió las casas, puede costar el doble. Es un vecindario fantasma con carros y botes abandonados en la calle, árboles caídos y soledad. De acuerdo al Censo, antes de Katrina en Nueva Orleáns vivían 444,515 personas y ahora hay un poco más de 200,000. La autoridad reconoce a 1,840 desaparecidos, aunque todavía sigue buscando más muertos con la ayuda de la técnica del ADN y el olfato de los perros. En la morgue se procesaron 1,069 cadáveres y hay 171 partes de cuerpos sin identificar.

Sin embargo, la zona turística del French Quarter sigue como si nada hubiera pasado. En la calle Bourbon se escucha música, se bebe licor y se vende el sexo como se ha hecho en este puerto del río Misisipi desde que era propiedad de los españoles y franceses. Por allí entró la esclavitud a los Estados Unidos y es la cuna del blues y el jazz, los únicos ritmos autóctonos de esta nación. El carnaval de Mardi Gras de este año sirvió para demostrarle al mundo que la ciudad se sacude de los escombros con el auxilio del gobierno federal que asciende a 108 mil millones de dólares.

Los barrios latinos fueron desocupados después de Katrina, pero se han venido recuperando.

“Se estima que para el año 2008 la ciudad vuelva a su normalidad en un 50 por ciento, aunque no sabemos si los inmigrantes hispanos se quedarán y traerán a sus familias”, dijo Howell.

La salvadoreña María Rodríguez dijo que no regresará. Todavía está esperando el sueldo de dos semanas de su primer trabajo en diciembre del año pasado, demoliendo casas y limpiando paredes. “No he podido ahorrar y tampoco tengo el dinero para regresar a mi país”, dijo Rodríguez. Este tipo de abuso es el que está documentando el Southern Poverty Law Center y por el cual presentó el 3 de marzo una demanda en el estado de Luisiana y acudió a la Corte Interamericana de Washington. Casos como el de César y Antonia, inmigrantes indocumentados que dijeron haber sido tratados como “animales” y que nunca recibieron el pago por su trabajo. La investigación de este Centro se llama “Dique Quebrado, Promesas Rotas: Trabajadores inmigrantes de Nueva Orleáns en sus propias palabras”.

Las olas de Katrina también irrumpieron en la arena política. Ray Nagin, alcalde de Nueva Orleáns, enfrenta a 23 candidatos en las próximas elecciones primarias del 22 de abril y puede perder sin el voto de su comunidad negra y con una ciudad desquebrajada. Nagin ha criticado a los trabajadores hispanos, calificándolos de “invasores”, aunque ha medido sus palabras para que no lo califiquen de racista. El reverendo Jesse Jackson ha asumido la misma táctica y prepara una marcha en apoyo a la comunidad afro-americana para este primero de abril. “El asunto es que los negros no están dispuestos a vivir y trabajar en las actuales condiciones de Nueva Orleáns”, añadió Howell.

Por ahora la comunidad hispana de los Estados Unidos y en especial de Nueva Orleáns está buscando una segunda oportunidad en esta nación de inmigrantes. No importa si el Senado aprueba o rechaza el proyecto de ley presentado por los republicanos James Sesenbrenner y Peter King, los hispanos han llegado para quedarse y necesitan orientación y protección.

La música negra siempre ha estado presente en el French Quater.

Las notas de jazz se escuchan a lo lejos mientras se mezclan en el French Quarter con el ritmo del merengue y el reggeaton. Hay quienes dicen que Nueva Orleáns volverá a ser latina.