Cada vez es más común valorar nuevos caminos y estudiar diferentes alternativas en lo que se refiere a nuestra salud. La cepa cannábica de las semillas CBD ha demostrado ser poderosa en el tratamiento contra enfermedades como la esclerosis múltiple, la fibromialgia, el lupus, la epilepsia, el cáncer y la artritis. Los que consumen marihuana medicinal refieren una disminución de los síntomas más molestos y, en el caso de seguir otros tratamientos como la quimioterapia, unos efectos secundarios más llevaderos. Y es que la medicina tradicional avanza rápido pero al mismo tiempo peca de no tener una perspectiva muy holística. La sensación de que si te tratan el hígado pueden estar estropeándote el estómago, es generalizada. Este tipo de medicamentos y terapias alternativas, aunque no sustituyan técnicas más invasivas y muchas veces necesarias, pueden ser un complemento perfecto que ayude a mejorar la calidad de vida. Recientemente, enfermos han exigido al gobierno de Puerto Rico que firme una orden declarativa que cataloga el cannabis como medicina para que pueda comprarse en cualquier farmacia con receta médica. Lo que pretenden es que esta sustancia se incluya en la misma lista en la que ya están opiáceos medicinales como la morfina o la codeína. Y es que si miramos hacia atrás, muchos medicamentos, y productos como el tabaco o el alcohol, han bordeado la legalidad o incluso la han burlado, hasta que un acuerdo tácito (no siempre relacionado con los mejores intereses de los ciudadanos) ha decidido que eran legales, deseables e incluso grabables con impuestos.

Los estudios que realizan diferentes universidades y fundaciones apuntan a que este principio, no psicoactivo, tiene más ventajas que inconvenientes, y quizás deberíamos reflexionar sobre cuánto de prejuicio hay en el hecho de negarnos en redondo a contemplar la posibilidad de que hay usos responsables más allá del (también responsable) uso recreativo.