María Chavarría en el US Open 2019. Foto Marcela Alvarez

La tercera edad

Es casi un ritual y no se lo pierde por nada. María Chavarría acomoda su calendario de finales de verano para disfrutar del US Open, esa extravaganza de tenis, entretenimiento y glamour que se juega en el Parque Flushing de Queens.

En junio, apenas salen los boletos a la venta, Chavarría llega a la ventanilla del Billie Jean King National Tennis Center, sede del US Open, para comprar sus entradas. ¿Cuánto gasta en total? “Prefiero no decir una cifra exacta, pero no me quejo. Trabajé duró durante mucho tiempo para ahora darme mis gustos. El Open es una de mis distracciones favoritas, no me lo pierdo por nada”.

¿Su jugador preferido? “Roger Federer, sin duda. No sé qué haré cuando se retire, se acerca ese día y no quiero ni pensarlo”, dijo Chavarría mientras buscaba su asiento en el estadio de tenis más grande del mundo.

Chavarría llegó a las setenta primaveras más activa que nunca. “La edad es apenas un número”, dijo. Además del tenis, Chavarría disfruta las carreras de caballo, las peleas de boxeo (peso completo, aclara), probar suerte en el Resorts World Casino NYC de Jamaica, salir a caminar en cualquier parque y viajar.

Este 2019 celebra 40 años desde que arribó a Nueva York. Vivió en Queens y Brooklyn. Primero en Elmhurst, luego Corona, Coney Island y Jackson Heights. Tiene 4 hijos y 5 nietos. Hoy divide su tiempo entre Queens, Miami y España.

Primero fue mucama en un hotel, luego trabajó en una famosa tienda por departamentos en cuyo último piso había un exclusivo salón de belleza. Allí aprendió a cortar y ponerle color al cabello. También trabajó en un atelier de la Séptima Avenida, donde aprendió costura y diseño.

¿Cuánto ha cambiado Queens desde 1979? “En aquella época los boricuas eran la mayoría, aunque habían otros latinos”. Del baúl de los recuerdos destaca que “los primeros boricuas que conocí fueron el super de mi edificio y una compañera de trabajo. Me llamó la atención cómo mezclaban los idiomas y con ellos aprendí lo que es la salsa, el merengue, la bachata y toda esa música tropical”.

En el US Open también disfruta de los entrenamientos de las estrellas, como uno reciente de Novak Djokovic, actual número uno del mundo y campeón 2018 en Flushing.

Cuando baja el telón del US Open se pone triste.  “Siempre quiero que el tiempo pase volando, que llegue agosto y disfrutar nuevamente de esta fiesta”, concluye Chavarría, mientras observa atenta el peloteo del serbio.

Marcela Alvarez