Los inmigrantes latinos tendrán que organizarse para contrarrestar la ola antiinmigrante y las políticas de los partidos tradicionales. Foto: Javier Castaño

Con el triunfo Republicano en las pasadas elecciones, la Reforma de Inmigración se fue al piso. “La implementación de las leyes de inmigración son ahora muy importantes para la Seguridad Nacional y la recuperación económica”, dijo el republicano Lamar Smith, de Texas, quien será el presidente del Comité Judicial del Congreso. “Necesitamos saber quién ingresa a esta nación y por qué”.

Es decir, los republicanos se concentrarán en la persecución de inmigrantes, la penalización y la creación de trabajos para los residentes legales y ciudadanos. Para los indocumentados el mensaje es claro: sálvese quien pueda.

Los Demócratas no hicieron nada por los inmigrantes cuando tuvieron el poder y ahora que el Congreso está en manos republicanas y casi pierden el Senado, la esperada reforma de inmigración es una ilusión. El debate sobre la reforma de inmigración volverá a la mesa dentro de dos años, cuando haya elecciones una vez más. Y hay quienes consideran que los dos partidos políticos tradicionales seguirán usando a los inmigrantes para avanzar sus agendas y ganar votos, pero no para impulsar la anhelada reforma de inmigración que le ofrece un camino a la legalización y la ciudadanía a alrededor de 12 millones de indocumentados.

La agrupación antiinmigrante FAIR, por ejemplo, está impulsando el aumento de la vigilancia en la frontera con México y el control y la expulsión de los “ilegales”. Dan Stein, el presidente de FAIR, dijo que “la mayoría de los americanos repudian la amnistía a los indocumentados y quieren aumentar el ingreso de jornaleros sólo para fines de trabajo temporal”.

Además, los republicanos tienen ahora en sus filas a algunos latinos en el Congreso y en el Senado, como Marco Rubio de Florida, quienes ayudaría a impulsar una política de control de fronteras y de expulsión de inmigrantes.

El presidente Obama siempre obvió el tema de inmigración en su campaña a la presidencia y en estos primeros dos años como mandatario tampoco se ha querido comprometer con este tema. Sólo hasta la semana antes de las elecciones del 2 de noviembre, el presidente Obama salió en televisión y radio en defensa de los inmigrantes y habló de la posibilidad de abrirles un camino hacia la legalización. Necesitaba del voto latino como en otras ocasiones, pero esta vez no fueron suficientes y su partido demócrata perdió el control del Congreso y casi pierde el mayoría en el Senado.

El presidente Obama habló en el programa de radio de Univision con el presentador Piolín y se mostró muy afectivo con los latinos, por primera vez después de ser electo.

Otro factor que tampoco contribuye a alentar el debate de inmigración a favor de los indocumentados es que los republicanos también se apoderaron de la gobernación de varios estados. Es el caso de Brian Sandoval de Nevada, quien ha apoyado abiertamente la ley antiinmigrante en Arizona, y Susanna Martínez, quien no le quiere otorgar la licencia de conducir a los indocumentados en le estado de Nueva México.

El líder demócrata en el Senado, Harry Reid, dijo antes de ser reelegido que apoyaría una reforma de inmigración y el llamado Dream Act, que le otorgaría residencia legal a los estudiantes que llegaron a esta nación cuando eran niños y no han legalizado su situación. Hay que esperar a ver qué plantea y qué hace ahora que aseguró su reelección al Senado.

Una encuesta de Fox News conducida durante las pasadas elecciones, concluyó que entre los electores que identificaron la inmigración como una prioridad, el 68% eran republicanos y el 27% demócratas. En una encuesta de la organización FAIR también se determinó que el 61% del electorado considera que el presidente Obama “no ha sido agresivo en el control de la inmigración ilegal”.

A nivel de la ciudad de Nueva York, existe preocupación entre la comunidad inmigrante porque la Policía podría comenzar a tomar huellas digitales de los sospechosos de crímenes para comprobar si son indocumentados. Es un programa de la Oficina de Seguridad Nacional que se conoce como Comunidades Seguras (Secured Communities). Las huellas digitales se tomarían en el mismo momento de la detención y se enviarían el FBI para su análisis inmediato. Si el sospechoso es indocumentado, entonces comenzaría así su proceso de deportación.