Los concejales Julissa Ferreras y Daniel Dromm dialogan mientras el asambleísta Francisco Moya habla a sus espaldas. Foto Javier Castaño

La avenida Roosevelt está más caliente que de costumbre. “Chicas, chicas, chicas”, dijo la concejal Julissa Ferreras refiriéndose a la prostitución que pulula en esa vía. Ferreras organizó una junta comunal para estudiar los problemas de Corona, Jackson Heights y Elmhurst en Queens. Además de la explotación sexual de las mujeres, en la avenida Roosevelt hay vendedores ambulantes, pandilleros, inmigrantes buscando trabajo y mucho ruido. Nadie sabe cómo meterle mano a esa situación.

La reunión se realizó en el Hospital Elmhurst de Queens. Asistieron 11 representantes de las agencias de la ciudad de Nueva York y tres políticos: Ferreras, el concejal Daniel Dromm y el asambleísta Francisco Moya. El público estuvo compuesto de 57 personas, algunas de las cuales eran amigos o empleados de los representantes de la Policía, la Fiscalía, los departamentos de Sanidad, Transporte y Vivienda, o de las unidades contra las pandillas y el narcotráfico.

Los asistentes preguntaron a los representantes de las agencias de la ciudad sobre los códigos de construcción, el aumento de la renta, el fraude de los abogados de inmigración y el acceso a documentación falsa. Las respuestas fueron genéricas porque esas agencias sólo implementan la ley.

El representante del Departamento de Sanidad de la ciudad de Nueva York no pudo contestar el por qué no recogían la basura como es debido, y el representante de la Policía dijo que cada vez que cerraban una casa de prostitución “aparecía otra”. Y quienes imprimen tarjetas invitando a los hombres a tener sexo con mujeres, “siempre usan teléfonos celulares pre-pagados para eludir a la autoridad”.

Valeria Treves, de NICE, dijo que la policía no tiene porque arrojar la comida de los vendedores ambulantes a la calle y tampoco pararlos en la calle para pedirles identificación. “Tenemos que pensar en un trato más humano y justo”, dijo Treves.

El representante de la Fiscalía de Queens dijo que lo mejor es educar a la gente para que entienda sus derechos y reconocer que la obligación de la autoridad es hacer cumplir la ley. “Nuestra misión no es pedirle documentos a los inmigrantes y pueden acudir a nuestras oficinas a poner sus quejas sin temor a ser cuestionados o arrestados”, dijo Jessie Sligh de la Fiscalía de Queens.

La conclusión es que la mejor opción para quejarse y lograr que la autoridad actúe es llamar al 311, el número que la ciudad de Nueva York dispuso para atender los reclamos de sus residentes.

El ruido que hace día y noche el restaurante Sabor Latino fue motivo de discusión. “Vamos a ver qué está pasando allí y si tienen los permisos adecuados”, dijo el comandante del cuartel 110 de policía.

La concejal Ferreras se limitó a presentar a los asistentes, el concejal Dromm también habló poco porque salió disparado a hablar sobre el estado de su distrito, y el asambleísta Moya llegó de Albani con noticias mezcladas; “El estado tiene un déficit de miles de millones y estamos tratando de restaurar el dinero para que no cierren los centros de atención a los ancianos, para que la renta no siga descontrolándose y para inyectarle dinero al sistema educativo universitario de la ciudad de Nueva York”.

Amanecerá y veremos.

Javier Castaño