Jesse Jackson, líder negro en los Estados Unidos.

Por Carlos Torres   —   

El mundo ha perdido a un gigante.

El reverendo Jesse Louis Jackson Sr. ha partido, dejando tras de sí una vida entera consagrada a la defensa de los pobres, los excluidos, los olvidados y los oprimidos. Durante más de seis décadas se movió en la intersección entre la fe y la política, exigiendo que Estados Unidos cumpliera sus propias promesas.

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Nacido en Greenville, Carolina del Sur, en 1941, Jackson emergió del sur segregado para convertirse en una de las figuras más reconocibles del movimiento por los derechos civiles en la segunda mitad del siglo XX. Pastor bautista, orador formidable y organizador incansable, marchó junto a Martin Luther King Jr. durante el Movimiento por los Derechos Civiles y estuvo en Memphis en 1968 en los días que rodearon el asesinato de King.

Tras la muerte de su mentor, Jackson asumió la tarea inconclusa. Fundó Operation PUSH (People United to Save Humanity) en 1971 y más tarde impulsó la Coalición Arcoíris, un ambicioso proyecto político destinado a unir a afroamericanos, latinos, sindicatos, agricultores familiares, pueblos originarios, activistas LGBTQ y blancos pobres en lo que él llamó una “coalición moral de los rechazados”.

Se postuló dos veces a la presidencia de Estados Unidos, en 1984 y 1988, obteniendo millones de votos y obligando al Partido Demócrata a ampliar su agenda hacia la justicia económica, la protección del derecho al voto, las sanciones contra el apartheid sudafricano y la oposición a la escalada nuclear.

No solo hablaba de justicia: la organizaba.

A continuación, cinco fragmentos que condensan el arco moral de su mensaje:


1. Sobre raza y pobreza

“Debemos abandonar el campo de batalla racial y alcanzar un terreno común económico y una altura moral superior… Estados Unidos, ha llegado nuestra hora.”

E invocando las palabras inscritas en la Estatua de la Libertad:

“Denme a sus cansados, a sus pobres, a sus masas apiñadas que anhelan respirar en libertad.”

— Convención Nacional Demócrata, 1984

Jackson entendía que el racismo y la pobreza estaban entrelazados — y que la solidaridad entre comunidades era el único camino hacia adelante.


2. Sobre la guerra nuclear y la supervivencia humana

“Jóvenes de América, sueñen. Elijan la raza humana sobre la carrera nuclear. Entierren las armas y no quemen a la gente.”

— Convención Nacional Demócrata, 1984

En plena Guerra Fría, su mensaje fue inequívoco: la supervivencia humana debía estar por encima de la dominación geopolítica.

El reverendo Jackson marchó contra las guerras de Estados Unidos en países extranjeros, ya fuera Vietnam, Irak u otras naciones.


3. Sobre la Coalición Arcoíris

“No debemos apresurarnos a la desesperanza… Hay nuevas dinámicas económicas con la globalización y la deslocalización, pero también hay motivos para la esperanza. Necesitamos una coalición vertical entre los que tienen y los que no tienen.”

Jackson desplazó el eje del debate: no izquierda contra derecha, sino arriba contra abajo. Opresor contra oprimido.


4. Sobre escuelas, cárceles e injusticia estructural

“Tenemos el poder ahora mismo de construir más escuelas y menos cárceles.”

Y sobre la desigualdad económica en el sistema judicial:

“Muchos están encarcelados simplemente porque son pobres y no pueden pagar la fianza. Eso es injusticia social. Eso es indignidad cívica.”

Décadas antes de que se popularizara el debate sobre encarcelamiento masivo, Jackson ya conectaba pobreza, supresión del voto y sistema penal.


5. Sobre dignidad y autoestima

Uno de sus estribillos más poderosos:

“Soy alguien. Puede que sea pobre, pero soy alguien. Puede que sea joven, pero soy alguien.”

Y en una reflexión más personal:

“Nací en un barrio marginal, pero el barrio marginal no nació en mí.”

Su teología estaba inseparablemente unida a la dignidad. La primera liberación, sostenía, es mental: negarse a internalizar la opresión.


Jackson negoció la liberación de rehenes estadounidenses en el extranjero, presionó a corporaciones para diversificar sus directorios, desafió el apartheid en Sudáfrica y exigió la protección del derecho al voto en su país. Enfrentó críticas, controversias y enfermedad — incluido el diagnóstico de Parkinson en sus últimos años — sin abandonar la arena pública.

Insistió en que Estados Unidos podía ser mejor.

Insistió en que la esperanza es una disciplina.

Hermano Jesse, con lágrimas en los ojos y el corazón hinchado de orgullo te despedimos. Seguiremos adelante, es nuestra responsabilidad.

Y sí, muchos de nosotros tuvimos el privilegio de marchar a su lado. La memoria no es solo recuerdo: es mandato.

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