Vicky Peláez en traje cusqueño y Anna Chapman en el recuadro, ambas acusadas de espiar para el gobierno de Rusia.

La periodista Vicky Peláez de El Diario/La Prensa se volvió famosa de la noche a la mañana. Sus columnas jamás le dieron la atención que está recibiendo por ser acusada de espionaje para el gobierno ruso y de lavar dinero para beneficio propio.

El lunes pasado se sentó en la corte federal del bajo Manhattan al lado de Anna Chapman, una rusa de ojos claros, pelo liso, mirada coqueta, cuerpo seductor, políglota y dueña de una compañía de finca raíz valorada en dos millones de dólares. Peláez necesitó de traductor para entender al juez cuando le negó la fianza a las 10 personas acusadas de trabajar como agentes secretos de la Federación Rusa.

“Vicky y la rusa no se parecen en nada y es imposible de creer que hayan espiado juntas o que hayan trabajado para la misma organización de espías”, dijo un peruano en Nueva York que no quiere juntar su nombre a estas dos mujeres que parecen la noche y el día.

La joven periodista Vicky Peláez.

Peláez nació en el Cusco, Perú, hace 55 años. Chapman vio la luz por primera vez hace apenas 28 años en Moscú, Rusia. Peláez estudió periodismo en la Universidad de San Marcos, tuvo un hijo cuyo padre la abandonó, luego se casó con el camarógrafo Juan Lázaro, con quien tuvo otro hijo luego de haber emigrado a Nueva York en 1987, comenzó a trabajar en El Diario/La Prensa al año siguiente y fue editora de las secciones de países e internacional. Contrario a algunos informes de prensa, Peláez aún trabaja para El Diario/La Prensa y escribió la columna que debió haber salido esta semana, pero que el periódico no publicó y le quitó a los empleados la posibilidad de hablar sobre la columnista.

Por el contrario, la esbelta Chapman es de alto vuelo: Habla cuatro idiomas, tiene una maestría en economía de la Universidad de Moscú, trabajó como vendedora, “buena vendedora”, para la empresa de jet privados NetJets, y como inversionista del Bardays Bank y del Navigator ‘hedge fund’. Llegó a la Gran Manzana en el 2006 y comenzó a morderla hasta quitarle un buen tajo.

Esa sonrisa inocentona de Chapman y sus extensas piernas han recorrido las calles de Nueva York y terminaron seduciendo a la prensa gringa que cayó en sus pechos al estilo de la más cursi telenovela de James Bond. Pero los latinos quieren leer sobre Vicky Peláez, la periodista que publicó sus columnas en un libro titulado “Desde las entrañas” y que se vendió “más ejemplares que todos los libros del presentador de televisión Jorge Ramos”, dijeron en el 2004 los administradores de la moribunda librería Lectorum.

Portada del libro de Vicky Peláez …Desde las entrañas.

Los latinos quieren seguir la historia de Vicky Peláez, quien sigue solitaria en una cárcel federal y ésta semana su abogado John Ocampo buscará su libertad bajo fianza.

La mayoría de sus compañeros en El Diario/La Prensa no creen que Peláez hubiera tenido muchos secretos para compartir, mucho menos para entregarle al gobierno ruso. Por el contrario, en el Internet hay miles de comentarios desagradables sobre su trabajo periodístico, su condición de mujer y su patriotismo peruano.

La madre de Peláez, Angélica Ocampo, ha dicho desde el Cusco a la televisión peruana que prefiere a su hija muerta antes de verla comprometida en un caso anti-ético. “Mi hija siempre ha dicho la verdad de frente y es muy honesta”, dijo la madre. Los comentarios de los usuarios del Internet argumentan que ni el gobierno peruano debe defenderla. “Que se pudra en la cárcel”, dicen los más decentes. Otros cuestionan su ética y el hecho de que en 1984 haya sido secuestrada por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.

La madre y la mayoría de los compañeros de Vicky Peláez, sin contar con los exiliados cubanos que la odiaban por sus columnas a favor de Fidel Castro, tienen un gran aliado en Richard Stola, ex director de la CIA. “Estos espías no tienen secretos… Sus acusaciones han sido infladas, especialmente en ésta época de sofisticación tecnológica y cuando la guerra fría ha dejado de existir”, dijo Stola a la prensa.

Sin embargo, si consideramos las acusaciones de la Fiscalía en contra de los 11 acusados de espionaje, la guerra fría nunca se calentó. En la acusación formal de 37 páginas se leen de procedimientos como el uso de tinta indeleble, estenografía (códigos cifrados en la fotos digitales) y radios de onda corta, etc. etc.

El canciller ruso Serguei Lavrov dice que este incidente es un retroceso para las relaciones entre los Estados Unidos y Rusia, pero el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, dijo que “no afectarás las relaciones”. Estas dos naciones llevan años en este juego. El mismo cuento de siempre.

Las relaciones de Vicky Peláez con la comunidad latina si han sido afectadas. Los miles de dólares que la Fiscalía dice que Peláez recibió en más de 10 años, puedo haberlos usado para comprar su casa en Riverdale, El Bronx, y para viajar con frecuencia a otras naciones. Y para preparar ese exquisito ceviche o papa a la huancaína que llevaba a El Diario/La Prensa para celebrar cumpleaños y días festivos.

El gobierno de ésta nación y su abogado defensor tratarán de apoderarse de ese dinero y Peláez no podrá volver a hacer sus fiestas y reuniones en esa inmensa casa de dos plantas que está rodeada de árboles frondosos y matorrales adornados de rosas. También se acabarán los viajes y “quizás le quiten la ciudadanía estadounidense y la deporten a Perú”, dicen sus amigos desde el anonimato.

Waldo Mariscal es el hijo mayor de Peláez e insiste en la inocencia de su madre desde la casa al borde de Yonkers. “Las acusaciones son mentiras y defiendo a mi madre porque no es una espía”, dijo Waldo. Su compatriota y periodista Liliana Bringas también salió en defensa de Peláez en ese vecindario: “Es una buena persona”, dijo por televisión.

Juan Lázaro, el esposo de Vicky Peláez, es visto como “el raro” de la película. Sus conocidos no tiene fotos de él y tampoco le conocen familia alguna. “Ahora resulta que no es uruguayo sino ruso”, dicen los amigos de Peláez luego de leer la acusación de 37 páginas. Siempre ha mantenido un bajo perfil en la relación, no es muy amigable y posee cinturón negro en artes marciales. Es mejor dejarlo quieto.

Lázaro tiene 65 años, dice que nació en Uruguay y posee ciudadanía peruana. Estudió ciencias políticas en el New School of Social Reseach de Manhattan y en Gonzaga University de Washinton. El año pasado enseñó ciencias políticas en el Baruch College y sus ex alumnos desean que vuelva a dictar clases. Lázaro, como Vicky, defiende a Castro a Chávez, a Evo y a Rusia y a todo lo que huela a izquierda. Se formaron como periodistas en los años 60 en Latinoamérica y eso los marcó de por vida.

“No era un buen profesor y por eso no lo volvimos a contratar”, dijo a la prensa Thomas Halper, presidente del Departamento de Ciencias Políticas del Bruch College. El abogado de Lázaro, Robert Kralow, también lo quiere sacar bajo fianza esta misma semana, una vez más, al estilo James Bond.

“Mi cliente es inocente y así argumentaremos esta semana en la corte para que el juez lo deje libre”, dijo Krakow a QueensLatino.com. “Sabemos muy poco del caso y conocemos la información que ha salido en los periódicos, pero nada más. Nuestra mejor defensa es que en la acusación formal el gobierno grabó a Juan diciendo que su información no tiene valor para los rusos. Entonces me pregunto, ¿qué clase de información o servicio proveía mi cliente?”. Krakow nació en Queens, sus padres en El Bronx y sus abuelos en Rusia.

¿Y dónde nació Juan? “Sabe que no estoy seguro. Esa información saldrá a relucir y debo investigar primero”, dijo Krakow.

Vicky Peláez sonriente.

Tanto Vicky Peláez como su esposo Juan Lázaro son personas apasionadas que “se entregan con todo el corazón a sus creencias y las defienden a capa y espada”, dicen sus amigos, todavía desde el anonimato. El problema está en que en el periodismo y la docencia los hechos deben de predominar sobre la pasión.