Para miles de latinos en Estados Unidos el reloj no avanza.

Por Roberto Quesada

Decidí titular el presente haciendo referencia a este bolero clásico latinoamericano, de Armando Manzanero, porque estamos en la recta final de las elecciones USA 2020, y el reloj se ha vuelto, como la pandemia coronavirus, de tremendo temor para muchos.

Donald Trump es uno de los principales en temerle al incansable tic tac del reloj, que lo agobia, lo desespera, pues por más trucos que haga, no logra levantarse en las encuestas. El showman está en una encrucijada y hasta ahora no le está saliendo lo que mejor sabe hacer: Mentir, engañar.

Y los inmigrantes latinoamericanos, no solo los indocumentados sino también residentes y hasta ciudadanos, también temen al reloj, se sienten amenazados, temerosos de que la “política” racista de Trump, de ser reelecto, encuentre en los próximos cuatro años la fortaleza que requiere para hacer una especie de “limpieza étnica” expulsando bajo cualquier pretexto, desde los rumores hasta la manipulación de las leyes, a los inmigrantes latinoamericanos, algo que puede ser parecido a la tribulación del holocausto que vivió el pueblo judío (sin exagerar).

Aquí una cita imprescindible, tomada del portal del Museo del Holocausto de Estados Unidos: “Holocausto” es una palabra de origen griega, que significa “sacrificio por fuego”. Los nazis, que tomaron el poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una “raza superior” y que los judíos, considerados “inferiores”, no merecían vivir. Durante el Holocausto, los nazis también tuvieron en su mira a otros grupos por razón de su percibida “inferioridad racial”: los romas (gitanos), los discapacitados, y algunos grupos eslavos (polacos, rusos, y otros). Otros grupos fueron perseguidos por razones políticas, religiosas o de orientación sexual: comunistas, socialistas, testigos de Jehová y homosexuales”.

Todo indica que es hacia allí en donde se dirige Trump, ya tenemos como muestra: Niños inmigrantes enjaulados, muro en la frontera, redadas que llegan hasta la misma casa de los inmigrantes, denigración: “son ladrones, violadores, violentos, etc.”. La situación, sin duda, está más seria de lo que aparenta, y podría empeorar justificándola con la crisis económica provocada por la pandemia. Ante este sombrío panorama, las elecciones del próximo noviembre se vislumbran como la última tabla de salvación, como la de un náufrago azotado por el inclemente sol, puede ser un espejismo, pero nunca está demás morir en el intento.

Escritor Roberto Quesada en la Librería Barco de Papel de Queens. Foto Javier Castaño

Y es aquí en donde hoy mas que nunca, el voto latino es crucial, quien pueda votar, hágalo por quienes no puedan, sea su representante voluntario, por iniciativa propia. Trump trata de engañar a incautos, aprovecha la ignorancia de algunos de los nuestros, el miedo, y hasta sataniza a los demócratas llamándoles de izquierda radical. Solo un tonto puede creer eso, Joe Biden es un político, demócrata, de derecha y parte del sistema, pero con la certeza de que su humanismo no puede compararse con el desprecio que Trump ve a otros seres humanos que no sean su familia y su grupito.

La suerte está echada, las cartas están sobre la mesa, residentes y ciudadanos que sea crean inmunes, están muy equivocados: primero se comienza con los indocumentados, después con los residentes, mas tarde con los ciudadanos y tiempo después no importan papeles, solo color de piel, acento, origen… Detener esta escalada deshumanizada está en nuestras manos o, mejor dicho, en nuestro voto.

Roberto Quesada, escritor y periodista hondureño residente en Queens, NY. Autor de Big Banana y Nunca entres por Miami. Analista político internacional para RT e HispanTV.

 

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Para miles de inmigrantes latinos el reloj no avanza. Foto Televisa