Por Mónica López  /  monilo1@hotmail.com

Desde pequeñas nos han inculcado a las mujeres, sobre todo quienes provenimos de raíces latinas, que hemos sido creadas para la maternidad y el cuidado de la familia. Esto no tiene nada de malo en absoluto. Pero que sucede cuando el mundo cambia, la economía de los países a nivel mundial se derrumba y nuestros hogares ya no pueden subsistir con un suelo sueldo. Estamos en problemas.

Sobre todo cuando jamás nos hemos inmiscuido en las actividades comerciales de nuestras familias o el esposo. Aunque no lo crean, es más tabú hablar de dinero con una mujer que de sexo… craso error. Porque nosotras somos quienes administramos 24 horas, durante 365 días al año una empresa muy compleja denominada “familia” que en la mayoría de los casos es de “cuatro empleados”. !Eh! por ahí se empieza. Somos empresarias innatas, fuimos educadas para eso. Podemos hacer una sopa con una papa y una cebolla y alimentar a todos los miembros de la empresa. Hacemos presupuesto semanales y administramos las despensas y el guardarropa familiar.

Puede parecer muy sencillo o insulso y quizás llegue a ser considerada una broma exagerada, pero es real. Nosotras como mujeres estamos obligadas a aprender a otorgarle el verdadero valor al rol que desempeñamos en la sociedad por intermedio de la administración del hogar que es la base de la sociedad mundial.

¿Pero qué pasa con la mujer que migra? Que llega a una sociedad tan diferente con un sinnúmero de obstáculos y desventajas. Imagínense ustedes este panorama: “Una mujer joven de unos 20 años, que no sabe inglés, que apenas alcanzó a terminar el colegio, tal vez nunca ha trabajado en su país de origen y está embarazada de cuatro meses. Y pisa suelo estadounidense. ¿Cuál creen ustedes que sea su destino? ¿Le espera el éxito o el fracaso en tierra extranjera? Hay muchas historias como esta. Seguramente ustedes ya las conocen, tal vez sea la dueña de la farmacia de su barrio, la administradora del supermercado, la abogada o la famosa cocinera de una cadena de restaurantes. Solo basta con saber su historia.

Siempre hay una historia detrás de un rostro.

Lo que simplemente quiero decirles amigas y amigos, es que las mujeres latinas somos un caso excepcional y ejemplo para muchas otras culturas. A pesar de todas las adversidades con las que tiene que lidiar en su vida, siempre sonríen, siempre tienen tiempo para su familia y sus clientes… Si que si, porque al verse con tan pocas posibilidades de empleo, muchas han optado por la autonomía laboral y son ahora prosperas microempresarias, administradoras y gestoras de grandes emporios.

Un día están en la calle y otro día construyen su propia empresa.

Si solo nos detuviéramos a pensar un poco en la historia que guarda el corazón de cada mujer latina, entonces nos sorprenderíamos. Lo que dejó atrás para vivir en este país de inmigrantes, sacrificando todo por forjarse un porvenir, trabajando incansablemente y sin pausa.

Es un orgullo que no cabe en el pecho conocer tantas historias de mujeres que emigraron en condiciones adversas desde todo punto de vista y que han logrado ocupar cargos importantes en la sociedad estadounidense. Ahora son partícipes del desarrollo económico de esta nación que las acogió.

Gracias mujeres.