
Por Gloria Medina —
Las situaciones difíciles generan cambios radicales en la vida de muchas personas, como ocurrió con Cinthya Cáceres, quien después de ser ama de casa tuvo que trabajar como bombera y ahora es obrera de construcción. Trabajos no muy comunes en la mujer.
“A esta edad tengo que aprovechar todas las oportunidades que se me presentan”, dijo Cáceres, quien llegó a Nueva York hace casi tres meses. “Al comienzo estuve varios días sin trabajo, gastándome el dinero de mis ahorros. Hasta que me ayudaron a conseguir un trabajo en construcción”.
Según Cáceres, de 46 años, en el primer trabajo no le fue muy bien porque fue víctima de discriminación y quien la contrató no le pagó su sueldo. Le mintió.
“Sí he recibido el rechazo, no sólo de los hombres, sino de las mismas mujeres. Entre nosotros mismos los latinos nos atacamos y no nos apoyamos, en cambio los gringos son muy amables con nosotros”, dijo esta madre ecuatoriana.
Sin darse por vencida, Cáceres consiguió otro trabajo en la industria de la construcción y tiene bajo su responsabilidad el puesto de dirigir el tráfico peatonal y limpieza de una obra en Queens. Dijo que por el momento es la única mujer que trabaja en este proyecto de construcción.
“Específicamente hago la flagelación, ósea, tengo la bandera de tránsito vehicular y peatonal bajo mi responsabilidad. Y aunque no piensen que es importante lo es, porque en cualquier momento puede pasar una desgracia y mi trabajo es que no haya ningún peatón cerca”, añadió Cáceres. “También hago la limpieza y otras labores que me pide el jefe”.
Para Cáceres, quien trabaja de lunes a viernes, el salario es “justo” porque ha comparado con otras empresas y es muy similar. Por ahora está en un proyecto en Queens pero que en cualquier momento la pueden mandar a otro trabajo en otra parte de la ciudad.
“Este ha sido mi segundo reto, el primero fue el de ser bombero en mi país. Pero allá es muy diferente que aquí”, dijo Cáceres. “Allá los bomberos no sólo apagan incendios, sino que también hacen rescates y participan en las escenas de accidentes fatales, en catástrofes y deben recoger los restos humanos de la escena del accidente. A uno le toca tener mucho valor mental”.
Después de cinco años como bombera, Cáceres quiso cambiar su estilo de vida y decidió venir a los Estados Unidos. “Como trabajaba de bombero en Guayaquil, Ecuador, eso me facilitó para sacar la visa. Vine detrás del sueño americano”, agregó con una sonrisa. “Ahora es el momento de pensar en mí, trabajar y ahorrar para mis viajes. Son mis planes y no es momento de arrepentirme. Calculo que tal vez regresaré a mi país entre unos 10 o 15 años. Eso pienso ahora que soy mujer soltera, pero uno nunca sabe lo que pase”.
Cáceres sigue trabajando y lo primero que le gustaría hacer es lograr su independencia. Encontrar un apartamento, porque actualmente comparte un espacio con un familiar. Continuar con su rutina de ejercicios a los que estaba acostumbrada en su país y seguir conociendo Nueva York. “En mis ratos libres salgo a caminar, cada día conozco lugares diferentes. Todavía se me hace un poco difícil la toma de los buses o los trenes… me pierdo”.
Como parte de su proyecto de vida, Cáceres desea seguir ayudando a sus dos hijos, especialmente a su hija quien está estudiando para sacar una maestría en ingeniería.
“Espero que el dinero no me cambié el corazón, aquí he vivido mucha empatía, la gente cambia cuando empiezan a tener dinero y olvidan los valores”, dijo Cáceres. “Creo que la sonrisa es el lenguaje de todo el mundo y abre las puertas”

