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La edición impresa de QueensLatino.com acaba de salir con la portada dedicada al Dream Act que no pasó en el Senado. El Dream Act ha sido utilizado por los políticos para engañar a la juventud y a los defensores de los inmigrantes. Los estudiantes se organizaron alrededor del Dream Act, pero fueron  manipulados por los demócratas y republicanos una vez más.

Miles de estudiantes han esperado que la Virgen de Guadalupe, de la Caridad, el Divino Niño o Jesucristo crucificado les haga el milagro que el Partido Demócrata no les quiso hacer en dos años de presidencia de Barack Obama: La aprobación del Dream Act.

Esta medida le otorga a los estudiantes que llegaron a esta nación sin documentos, la posibilidad de obtener la nacionalidad estadounidense. También le provee papales a aquellos jóvenes que se enlisten en el Ejército de los Estados Unidos.

El problema es que el Dream Act  fue introducido en el Congreso de esta nación hace nueve años y nunca ha sido aprobado. Y el Dream Act ha sido modificado cinco veces para satisfacer los intereses de los políticos de turno.

Le han hecho tantas modificaciones que ya excluyeron a varios estudiantes porque dejaron de ser jóvenes, pasaron los 29 años, o porque cometieron un delito menor que ahora se ha vuelto impedimento para acogerse a esta ley que es una pesadilla. El Dream Act le abre el camino a la ciudadanía a los estudiantes que ingresaron indocumentados a este país antes de que cumplieran 16 años, estén viviendo en esta nación por más de cinco años, no tienen récord criminal y han completado dos años en la universidad o en el servicio militar.

La última versión del Dream Act, introducida por los senadores demócratas Harry Reid, de Nevada, y Dick Durban, de Illinois, ya no le otorga ayuda financiera a los estudiantes universitario indocumentados, los favorecidos deben de esperar 10 años para recibir papeles, y le impide a los beneficiados legalizar a sus familiares. Nadie sabe con exactitud cual será la última versión que aprueben los senadores.

A principios de noviembre los congresistas aprobaron el Dream Act y le tiraron esa papa caliente al Congreso, en donde al parecer no existe la mayoría para que sea aprobado y beneficie a más de dos millones de jóvenes en toda la nación.

Para muchos legisladores, tanto republicanos como demócratas, el Dream Act huele a amnistía general de inmigración y por eso se han opuesto. “Si los estudiantes y soldados reciben sus papeles, por ahí llegan sus familiares”, dicen sus detractores.

“El Dream Act no es una reforma de inmigración, pero si es una ventana hacia la legalización que puede ayudar a nuestras familias latinas”, dijo el congresista demócrata Luís Gutiérrez, representante de Illinois. “Reconozco que perdimos dos años, pero ahora nuestro objetivo es detener las deportaciones y lograr la aprobación del Dream Act”.

Gutiérrez ha tomado la bandera de inmigración a nivel nacional y viaja constantemente a varias ciudades de la nación a defender el Dream Act.

Por eso estuvo a finales de noviembre en la iglesia Santa Brígida de Brooklyn, hablando y gritando por la aprobación del Dream Act. A su lado estaba la congresista demócrata Nydia Velázquez, quien hasta esa fecha se había negado a endosar el Dream Act.
Varios estudiantes latinos subieron al altar y al lado del Jesucristo crucificado gritaron consignas en contra de los políticos “oportunistas” como Gutiérrez y Velásquez. “Los organizadores del evento inclusive trataron de impedir que protestáramos y exhibiéramos carteles en contra de los congresistas latinos”, dijo Sonia Guinansaca,  quien se beneficiaría con la aprobación del Dream Act.

“Fue un acto importante porque le demostramos a los políticos y a las organizaciones que los apoyan que no tenemos miedo a hablar por ser indocumentados”, dijo Daniela Alulema, líder en Nueva York por la campaña a favor del Dream Act. “Los políticos tienen que dejar de usarnos. No votamos, pero sí participamos”.

Entre los políticos locales que hablaron en la iglesia Santa Brígida a favor de los indocumentados se hallaban la concejal Melissa Mark-Viverito, encargada del micrófono, la presidenta del Concejo de Nueva York, Christine Quinn, el concejal de Queens, Daniel Dromm, el concejal del alto Manhattan, Ydanis Rodríguez, el senador electo de Nueva York, Adriano Espaillat, el congresista Anthony Weiner, y el contralor de la Gran Manzana, John Liu.
Robert Menéndez, el senador de Nueva Jersey, ha dicho que sus colegas deben de aprobar el Dream Act “porque no le va a costar al gobierno y si lo beneficiará con talento. No veo la razón por la cual alguien quiera oponerse”.

El senador Jeff Sessions, de Alabama, es el que más se opone al Dream Act y argumenta que en siete años el Senado no ha realizado debate alguno sobre esta medida. “Creo que el público estadounidense se ha manifestado en las urnas de votación en contra de una amnistía de inmigración, porque eso es el Dream Act, especialmente cuando se están incumpliendo las leyes en la frontera con México”.

El otro factor en contra es que muchas personas ven en los indocumentados “el enemigo que les va a quitar los trabajos”, principalmente en esta época de crisis económica y desempleo. Aunque existe la posibilidad de que el Dream Act también pueda aprobarse por intermedio de una orden ejecutiva del presidente Obama. Es decir, con su firma solamente. Pero el presidente Obama obvió el tema de inmigración durante su campaña y tampoco ha sido insistente en la aprobación del Dream Act. Aunque el personal de la Casa Blanca si ha presionado para que el Dream Act pase en el Senado, en donde se necesita un mínimo de 60 votos.

Cecilia Muñoz, sub-asistente del presidente y directora de la oficina de Asuntos Intergubernamentales, ha participado en varios debates públicos y en discusiones en el Internet con el fin de resaltar la importancia de pasar el Dream Act. La Casa Blanca también ha dado a conocer un listado de 10 puntos para impulsar la aprobación del Dream Act.

Tanto en Nueva York como en otras ciudades los estudiantes han hecho huelga de hambre y han salido a las calles a manifestar. Son indocumentados, pero dan su cara y su nombre en un país hecho por inmigrantes.

Javier Castaño