Según Dora Rodríguez, el amor no se puede explicar.  Foto cortesía

“El amor no tiene definición, porque abarca tantas cosas que solo la inmensidad de Dios lo puede hacer”.  Asi, con estas sabias palabras, Dora Rodríguez inicia la charla en este mes del amor y la amistad.

El amor por su única hija, las ganas de darle una vida mejor, llevó a Rodríguez a buscar un nuevo camino lejos de su país. Gracias a una habilidad natural y buena sazón para la cocina, pudo salir de República Dominicana y se fue a trabajar con una rica familia puertorriqueña a la Isla del Encanto.

“Les gustó mi comida y entonces me preguntaron si quería irme con ellos. Dije que sí, llegué a Puerto Rico un 13 de diciembre de 1981. Esas fechas no se olvidan, te marcan la vida”, dijo Rodríguez. Luego, en 1988, llegó a Nueva York.

“Fueron muy duros los años que viví sin mi hija, mientras yo estaba en Puerto Rico ella se quedó con mi mamá en la República Dominicana. Con el favor de Dios pude salir adelante. Sufrí mucho, no me gusta recordarlo. También mi mamá Zoila fue muy importante, muy especial”, dijo Rodríguez con tristeza. “Tenía una relación especial con mi hija y siempre nos decía ‘‘agárrense de Dios. Tengan fe, que todo estará bien’ ”.

“Aquí en Nueva York trabajé con ancianos por muchos años, cuidaba personas enfermas. Ese trabajo me enseñó que la juventud se va, vienen los achaques, te llega la sabiduría de la vida, la universidad como le digo yo. Por ese trabajo aprendí a conocer personas de diferente carácter, unos más duros y fuertes que otros y debes saber sobrellevarlos”, recuerda Rodríguez.

Rodríguez vive en Brooklyn pero pasa mucho tiempo en Jackson Heights, Queens, donde reside su única hija, Marisol González, y su nieto Gabriel. En un café de la zona, esta mujer de mirada tierna hace un breve repaso a su vida. Marisol es productora en la cadena HBO y, además, cineasta independiente. En 2017, su documental “Children Behind the Wall” (Niños detrás del muro) se estrenó a casa llena en el Queens World Film Festival.

Rodríguez también siente un gran amor por su tierra natal. Febrero es el mes patrio de República Dominicana.

“Para mi significa mucho mi patria, mis raíces son profundísimas. Amo mi tierra, mi bandera. La dominicana es la única bandera del mundo que tiene la Santa Biblia en el escudo. Adoro mi país, mi gente, mis plátanos, mi mangú. Me fascina. Cuando voy llegando, cuando el avión va aterrizando siento algo que no sé explicar”, dijo Rodríguez emocionada.

Rodríguez se jubiló en 2011, pero continua muy activa: va a la iglesia, camina mucho, tiene un proyecto culinario en mente, mantiene una relación estrechísima con su hija y disfruta la miel de su nieto Gabriel. Y, remarca, siempre acompañada por el amor a Dios.  Ese sentimiento que la inspira y, dice, todo lo puede.

Marcela Álvarez