El Estadio Bank of América de la Ciudad de Charlotte en Carolina del Norte fue testigo de la primera gran sorpresa de la Copa Oro 2015, cuando la selección de Cuba derroto 1-0 a Guatemala, resultado que dejó afuera del certamen a El Salvador y metió en cuartos a los habaneros. El gol lo convirtió el jugador Michael Reyes capturando de palomita un centro desde la izquierda, anticipando el cierre flojo del defensa y dejando al arquero sin reacción ( se tiro para la foto).

Los guatemaltecos pudieron haber empatado el encuentro en la última jugada. El remate con destino de red fue enviado al córner cuando se colaba en el angulo izquierdo del arquero Diosvelis Guerra. Guatemala y El Salvador comparten la balsa que los llevará de regreso a casa; mientras Cuba que sufrió deserciones e inconvenientes administrativos que mermaron parcialmente al plantel, se queda en tierra firme para enfrentar en cuartos al anfitrión Estados Unidos.

El encuentro entre Cuba y los Estados Unidos hay que verlo porque puede haber sorpresas. Es la pelea entre David y Goliat.

Empate del TRI

Cuando todo hacía suponer que México se llevaba los tres puntos y conseguía el liderato del Grupo C; apareció la cabeza de Marshall para conectar un tiro de esquina desde la derecha en el último suspiro del partido y poner cifras definitivas 4-4 a un encuentro cargado (especialmente el segundo tiempo) de muchos goles. México se había ido al descanso con parcial de 1-0, y amplió diferencias a poco de iniciado el segundo tiempo. Todo hacia suponer que se venía otra «goleada a la cubana». Pero sucedió lo que pocos pueden ver. Si a México se lo ataca vertical, desarma sus lineas, pierde la pelota, las espaldas y la compostura del ‘Piojo’ Herrera.

Trinidad Tobago es una maquinita a la que le falta el engranaje de acople. Hacen dos cosas bien marcadas, durante el día están despiertos; a la noche duermen. Con el 2-0 abajo los caribenos adelantaron sus lineas al campo contrario (es un equipo que juega compacto en 40 metros), a fuerza de potencia igualan el marcador en 3′ y pasan a ganarlo en los próximos nueve.  Logrado el objetivo,  se replegaron y no avanzaron más (se fueron a dormir).

México atacó a este equipo metiendo ineficaces centros al área desde todos los ángulos posibles, frontales (a las manos del arquero), pasados (para que nadie ataque la pelota), y finalmente «el arma mortal» de los aztecas: centro para que cabeceen las víboras. Facilitando la tarea de la extrema defensa que siempre estuvo de frente a la jugada. Pocas veces México acudió al dos uno, porque sus jugadores perdían ante el despliegue físico y superior de los trinitarios.

La cuestión es que la parcialidad mexicana empezó el partido acompañando a su equipo con el «ole ole» cuando la pelota era trasladada a 60 metros del arco. Nunca se dieron cuenta que enfrente tenían a un equipo muy vertical, que cuando se vio en desventaja, subió sus líneas, aceleró y desnudó las falencias defensivas que tienen los dirigidos por el Piojo.

El último cabezazo de Marshall les dejó un sabor amargo (a pesar que previó a la ejecución del tiro de esquina le arrojaron vasos con refresco azucarado). Parece ser que La Raza no escuchó cuando Diego Maradona dijo que «la pelota no se mancha».