Algunas veces me olvido del desastre que estamos viviendo y que, como un ser obsesionado con la información, he visto desarrollar frente a mis propios ojos. Primero a través de internet. Luego en carne propia.

Cada mañana, al despertar lo primero que hago es tomarme la temperatura. 97.4 centígrados. Normal. Luego agarro mi teléfono y envío mensajes a la gente más cercana a mi. Hijos. Nietos. Hermanos. Amistades.

“Estamos bien, ¿Uds?”

Ahí pauso y me alivio un poco. Saco los perros a caminar media hora.

Luego, enciendo el computador y leo. Los casos aumentan. También las muertes.

Nada positivo.

Al ver cómo el virus hace estragos en New York, la ciudad que más amo en el planeta, no puedo dejar de ver que en otros países, particularmente América Latina, la gente no logra captar lo que se viene encima.

Un dato que se quita el sueño. El gobernador Andrew Cuomo de New York, un verdadero líder dadas las circunstancias, está hablando de habilitar el Javits Convention Center 78,000 metros cuadrados para un posible hospital. El estado, con casi 20 millones de habitantes, necesita por lo menos 110,000 camas hospitalarias. Por no decir ventiladores, mascarillas, etc. etc. Y personal capacitado, que poco a poco van a quedar exhaustos.

Hasta el momento esas camas no existen en el país más rico de la tierra.

Y si no existen en New York, ¿cómo será la situación en Bogotá, o el DF de México, o en Santiago, o en Sao Paulo?  Por no decir en Colombia, México, Chile, Brasil.

Nadie me ha podido (o querido) responder a esa pregunta.

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El 26 de febrero, en conferencia de prensa, el presidente Trump dijo que el CoronaVirus, al que insiste en llamar el Virus de China (lo cual ha causado ya ataques contra ciudadanos chinos en EUA), no era más que un resfriado. Siguió con esa versión por varios días — hasta que gente en su alrededor comenzó a enfermarse.

Luego, cambió de tono.

Ahora se presenta a diario en la televisión, diciendo cosas que no son ciertas. Ha prometido que el virus se desaparecerá como si nada. Que todo está bajo control. Que ya una medicina está funcionando. Que van a dar esto y aquello. No ha pasado nada. El congreso todavía no ha aprobado nada.

“No soy médico pero sé mucho de medicina”, dijo.

Se habla de asistencia a las empresas afectadas, en el sector turismo, coincidentalmente el mismo sector en que tiene Trump gran parte de sus activos: Hoteles, campos de Golf, etc. El ya dijo que es posible que cuando el gobierno afloje dinero para ayudar a las empresas afectadas (que recibirán la parte del león de lo que de el gobierno) las compañías Trump pueden recibir ayuda.

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Las conferencias de prensa diarias de Trump no son más que un acto de la campaña por su reelección. El habla, dice lo que se le ocurre, insulta a la prensa, culpa a todo el mundo menos él, promete cosas que no se cumplirán. Y miente. Miente. Sigue mintiendo.

Sin embargo, el 55% del país, según una encuesta reciente dice que está haciendo una buena labor.

Los periodistas se quejan. Pero ahí están al día siguiente, repitiendo las mentiras del presidente. No se atreven a decir nada. Si Trump miente, los medios que no le creen, no tienen pantalones. Manada de cobardones cagados.

Circulan informes que confirman que a Trump se le informó desde comienzos de año de lo que se venía encima. El, y su equipo, siguen diciendo que no había tal. Que eran intentos por calumniar al presidente. Ese era el discurso de los comentaristas de Fox News, el cual repetían líderes republicano.

Hoy en día, parecería que nadie lo recuerda.

Y ¿Joe Biden y los demócratas? Silencio total.

Algunas ideas que angustian a este bloguero mientras ve al apocalípsis dibujarse ante sus propios ojos.

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¿Y la gente sin techo? ¿Y los vendedores ambulantes? ¿Y los habitantes de los proyectos más pobres? Y los reos y gente privada de su libertad? ¿No son ellos seres humanos?

Por CFT Director El Molino Online
Pennsylvania EUA
Marzo 22, 2020