Elmer Luján en la sala de su hogar. Foto cortesía

Por Gloria Medina  — 

Elmer Luján sobrevivió un terrible accidente cuando trabajaba en construcción y le quitó el fútbol, su mayor pasión.

Desde que estaba en su natal Perú, Lujan, de 66 años, se dedicaba a jugar fútbol profesional y cuando llegó a Nueva York en 1986 continuó jugando en equipos amateur. Al llegar a la Gran Manhattan, trató algunos trabajos, pero se quedó en la industria de la construcción.

Luján sufrió dos accidentes: el primero fue cuando era ayudante en Brooklyn. Mientras trabajaba cayó y se golpeó la cabeza. Perdió el conocimiento y despertó en el hospital. Tuvo que estar postrado en cama por seis meses y ahora tiene un metal en el cráneo. Pero eso no lo detuvo, siguió con su vida trabajando y jugando fútbol.

Después de 33 años en la industria de la construcción, en el 2018, tuvo el segundo accidente que cambió su vida por completo. Era una tarde del verano cuando Luján trabajaba en un andamio, de pronto resbaló, perdió el equilibrio y cayó al piso. Todo el material de construcción le cayó encima.

“Mis compañeros y el supervisor me ayudaron a levantarme. Me dieron pastillas para el dolor y me fui a la casa. En la noche, el dolor era muy intenso. No aguantaba y tuve que ir al hospital”, dijo Luján. El trabajador sufrió fracturas en la columna, cuello y una rodilla, entre otros golpes. Como resultado tuvo dos cirugías en la columna, una en el cuello y le colocaron una prótesis de metal en la rodilla.

“Desde ese momento no puedo jugar fútbol”, dijo Luján. “Es devastador estar en un juego de campo y no poder jugar”. La frustración continúa siendo un enemigo constante. La nostalgia por la pelota lo atormenta y lo mantiene con ansiedad, deprimido, estresado y sin poder hacer nada, fueron sus palabras en tono bajo y emotivo. Su esposa Carmen, quien lo acompañaba, acentuó con la cabeza para confirmar el estado anímico de su esposo.

A parte del estado anímico, los dolores de Luján continúan siendo intensos y constantes. Tanto, que recientemente un doctor le propuso instalarle un chip en el cerebro con unos cables que estarían conectados a la columna. Y con un control podría aliviar el dolor. “No, no voy a dejar que me dejen como un robot. Ya no quiero más cirugías”, dijo el frustrado hombre desde su hogar en Ozone Park, Queens, en donde viste con orgullo la camiseta de fútbol de Perú.

Otra de las razones por la cual Luján se niega a aceptarlo, es porque los doctores le dijeron que tendrían que hacer una operación cada seis meses para cambiar el chip en su cerebr0.

A pesar del cambio de vida por el accidente, Luján asegura que le gusta la construcción y lo conveniente que es aquí en Nueva York. Aunque es pesado, es bien remunerado. “Uno tiene que ser responsable y trabajar bien para que lo sigan contratando”, dijo Luján, quien logró tener su propia corporación nueve años después y empezó a trabajar como contratista. Pero por la resección, tuvo que cerrar y volver a trabajar con el sindicato.

A Luján le gusta ser voluntario para ayudar en causas sociales y hacer restauraciones, pero insiste en que su pasión es el fútbol. Y lo que no soporta es el abuso y la discriminación en la industria de la construcción.

“Veía casos donde trataban muy mal a los trabajadores porque no sabían el idioma o no tenía los documentos en regla. No les pagaban, pero tienen la culpa porque no se hacen respetar desde el principio por miedo”, dijo Luján. “Deben denunciar así no tengan los papeles. Aquí hay leyes y todos tienen protección”.

De vez en cuando, Luján viaja a Perú, visita a los hijos y disfruta la compañía con los nietos. También es activo en la comunidad con el Club de Leones y participa de algunos eventos comunitarios.