
Oscar Ruíz supervisando un trabajo de construcción de su propia empresa. Foto cortesía
Por QueensLatino. —
A las cinco de la mañana, cuando la ciudad de Nueva York apenas despierta, Oscar Ruiz ya está en movimiento. Desde Queens, donde vive con su esposa, sus hijos y un hermano, inicia su jornada revisando mensajes y haciendo llamadas a los supervisores para asegurarse de que todo esté en orden y que los trabajadores que dirige comiencen a laborar a tiempo. Esa rutina es reflejo de una historia marcada por la disciplina, la perseverancia y el deseo constante de salir adelante.
Ruiz es originario de Perú y llegó a Estados Unidos en 2005, con apenas 19 años. Su primera idea había sido establecerse en Miami, pero al no contar con nadie que pudiera recibirlo, optó por Nueva York, la ciudad donde tenía familiares.
“En Nueva York me tendieron la mano y me ofrecieron un lugar donde poder estar”, dijo Ruiz, quien recién llegado, salió a buscar trabajo “tocando puertas”. El camino no fue fácil. Durante un buen tiempo no logró conseguir empleo formal.
Las personas con quienes vivía fueron clave en sus primeros pasos: le enseñaron a vender y lo ayudaron a instalar un puesto de venta ambulante en Manhattan, en la intersección de la calle 54 y la Sexta Avenida. También trabajó en restaurantes, hasta que encontró su verdadero rumbo en la construcción.
Movido por la curiosidad y las ganas de aprender, pidió a sus compañeros que le enseñaran el oficio incluso sin recibir pago. “Yo mismo les pedí que no me pagaran, sino que me enseñaran”, dijo Ruiz. Esa decisión marcaría su destino.
Desde 2006 trabaja en la construcción. Al inicio, su objetivo como migrante era sencillo pero profundo: tener un empleo que le permitiera apoyar económicamente a sus padres y hermanos en Perú. Hoy, su meta ha evolucionado. “Ahora mi objetivo es brindarle a mi esposa e hijos una mejor calidad de vida y construir un futuro como familia”, dijo.
Su mayor logro, asegura, ha sido crecer como persona y como profesional. Tras superar numerosas dificultades, logró emprender y convertirse en empresario, con su propia empresa de construcción, capaz de generar empleo para otros.
En su tiempo libre, si el trabajo lo permite, viaja con su familia, consciente de que el esfuerzo diario muchas veces le roba horas con sus hijos. Ruiz también mantiene un fuerte compromiso social con su país natal. Desde que emigró prometió ayudar a los más necesitados en Perú.
Durante 15 años envió dinero a su madre para apoyar a familias de bajos recursos. Esa labor continúa y beneficia a más de mil niños con canastas navideñas y regalos, una tarea que ahora realiza personalmente.
Amante del lomo saltado y defensor del trabajo honesto, Ruiz considera que el tema migratorio es “muy delicado”. Cree que quienes cometen delitos graves deben enfrentar las consecuencias, pero insiste en que los inmigrantes trabajadores, que aportan a la sociedad, no deberían ser “maltratados ni ultrajados”.


