Gabina Santamaría es una madre activista. Foto José Guerra

Por José Guerra. —  

Desde que llegó a la ciudad de Nueva York el 1 de mayo de 1999, Gabina Santamaría, originaria de Puebla, México, ha enfrentado los mismos desafíos que viven miles de inmigrantes en Estados Unidos.

Durante más de una década trabajó como doméstica, expuesta a productos químicos nocivos que afectaron su salud, sin acceso a atención médica ni seguro de desempleo. Pero lo que comenzó como una lucha personal por sobrevivir en un sistema desigual, se transformó en una misión colectiva por la justicia social.

Santamaría es madre de una hija adolescente, a quien lleva a marchas y mítines como parte de su legado en una lucha por los derechos de los menos favorecidos. “Yo como madre enseño a mi hija que todos merecemos respeto, no importa el color o la nacionalidad. Le enseño a practicar la paz en todas nuestras comunidades”, dijo Santamaría.

Su camino hacia el activismo comenzó cuando enfrentó un proceso de desalojo y decidió buscar apoyo. Aquella experiencia marcó un punto de inflexión. Desde entonces, se ha convertido en una voz firme en defensa de las comunidades trabajadoras y excluidas, compartiendo información vital para que las personas conozcan sus derechos y responsabilidades.

Ha estado en primera línea en las luchas sociales de la ciudad, participando activamente en la huelga para obtener el Fondo para Trabajadores Excluidos en 2021, una iniciativa que brindó apoyo económico a quienes quedaron fuera de los programas federales durante la pandemia.

También ha abogado por un mayor acceso a la atención médica y se ha reunido con funcionarios en Washington D.C., Albany y Nueva York para hacer visibles los problemas que enfrentan las comunidades menos favorecidas.

“Siempre seguiré luchando contra los que se creen que tienen más derechos que nosotros, las familias trabajadoras”, dijo Santamaría. Su llamado es claro: “Los invito a que se organicen con sus vecinos y conozcan sus responsabilidades y derechos”.

Con una visión que trasciende lo individual, Santamaría se reconoce como heredera de una larga tradición de lucha: “Voy a continuar con el legado de nuestros héroes que lucharon por los derechos de las personas. No más esclavitud, no más abusos, no más miedo para el pueblo”.

Santamaría es hoy un símbolo de resistencia y esperanza. Su historia nos recuerda que, incluso en medio de la adversidad, la dignidad y la organización comunitaria pueden convertirse en herramientas poderosas para el cambio.

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