Gissell Calvo

Emprender un negocio es una de las metas que muchas personas tienen para lograr independencia y estabilidad económica. Ernesto Ramírez, de 75 años, llegó a Estados Unidos con la ilusión de cumplir este sueño y tener su propia empresa.

Hace 30 años dejó su país natal y junto a su esposa llegó a vivir a Nueva York, pero la realidad con la que se encontraron los sorprendió. Ramírez no conseguía trabajo y aunque tenía habilidades para la sastrería, las personas no confiaban en él porque no lo conocían. Así que el dinero con el que habían llegado comenzó a acabarse y estaban a punto de quedarse sin lugar para dormir. “No sabía qué hacer, lo había intentado todo y estaba desesperado”, dijo Ramírez recordando aquel tiempo.

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Pasaron los días y Ramírez seguía buscando trabajo. Llegó a la sastrería  que tenía como última opción ya que quedaba muy lejos del lugar donde vivía, pero se encontró con una gran sorpresa: un amigo de la infancia llevaba años trabajando allí y cuando lo reconoció se llenó de alegría y le propuso que trabajaran juntos. Desde ese momento la vida le comenzó a sonreír a este incansable hombre.“Hay que luchar porque con esfuerzo todo se logra y cuando menos me lo esperaba, conseguí lo que buscaba”, dijo Ramírez.

Junto a su amigo trabajó por un par de años más y ambos lograron crear su propia sastrería. Hoy en día muchos clientes prefieren que Ramírez les arregle la ropa y su compromiso y amabilidad han llevado a su empresa a posesionarse como una de las mejores.

“Arreglar la ropa de las personas es como arreglar una parte de sus vidas”, concluyó Ramírez emocionado.