¿Qué tan real es el poder de los latinos? (English version inside)

¿Qué tan real es el poder de los latinos? (English version inside)

Desde 1980 cada ciclo electoral ha tenido su columna anual sobre el “gigante dormido” en relación al poder político latino. Hoy en día tenemos más cobertura en los medios y más latinos y latinas en posiciones políticas que mi generación solo podría imaginar. Ha habido un incremento del 63.6% de latinos y latinas electos de 1996 (3,743) al 2015 (6,124). ¿Pero hemos mejorado a medida que asumimos nuevos puestos? Es triste admitir que no mucho.

Recuerdo cuando marché en 1965 en contra de la Guerra en Vietnam, los “disturbios” en mi escuela secundaria entre blancos, negros y chicanos en 1970 y 1971 y las voces chicanas y negras de 1968 a 1971 trabajando juntos y haciendo cosas que nos inspiraban. Estas experiencias y otras me ayudaron a creer que una vez los latinos fuéramos aceptados en la mesa, entonces lo haríamos mejor que antes. Las experiencias de mis abuelos y padres y de aquellas personas con las que he compartido, me impulsan a querer mejorar el modelo. No quise repetir los errores de aquellos en el poder cuando yo era joven. Por esas experiencias pensé que la mía sería más inclusiva y tolerante hacia una sociedad igualitaria.

En más de 30 años que tengo de experiencia en política pública he hallado latinos y latinas que le apuestan al mismo juego, con los mismos egos de aquellas personas que nos quejamos porque nos ignoran y queremos remplazar. Latinos que tuvieron profesores incapaces, demócratas y republicanos que están más interesados en conseguir y mantener el poder que en resolver problemas. Ignoramos que los demócratas suenan y actúan mejor porque demasiados republicanos ofenden y son malintencionados. No responsabilizamos a ambos partidos por sus políticas. Sólo responsabilizamos a uno de los partidos porque nos falla todo el tiempo. En la mayoría de las ocasiones este doble estándar no ha traído el progreso que nos dijeron y muchos latinos pensamos que los demócratas si traerán el cambio.

Sólo hay que leer los informes del PEW Research Center para enterarnos que los problemas del pasado aún persisten. Un ejemplo es la educación en donde otra generación de jóvenes latinos está acudiendo a escuelas públicas mediocres, el sismo sistema escolar que nos ha discriminado y los políticos siguen defendiéndolo casi todo el tiempo.

Si crees en los medios en inglés y español cuando se refieren a nuestro poder político, ¿cómo es posible que aún tengamos las mismas preocupaciones de hace dos generaciones? Mientras que los latinos votaron en cifras récord en el 2014 en las elecciones al Congreso, 18 millones de latinos elegibles no lo hicieron. Un dato que los medios no divulgaron es que quienes no votaron superan a los que votaron 3 a 1. En el 2016 hay 27.3 millones de latinos elegibles para votar y el 44% son milenials (nacidos en 1981 o después). ¿Cuántos de nosotros votaremos y lo haremos con un objetivo y visión o llenos de temor?

Estamos arriesgando mucho en estas elecciones, pero todas son vitales para nuestra comunidad. No podemos seguir votando por los demócratas porque los republicanos son malos. Los republicanos ya no quieren que seamos sus aliados y los demócratas asumen que estamos de su parte, lo mismo que han hecho con los votantes negros. Es el momento de asumir nuestra responsabilidad y unirnos para desarrollar ideas, políticas y estrategias para lograr lo que consideramos que esta nación le ofrece al mundo, la oportunidad de surgir de alguna forma.

La historia nos sigue diciendo que debemos asumir más control y responsabilidades para lograr el cambio. Aunque no podemos ignorar que nuestra meta es no convertirnos en quienes anhelamos remplazar, sus valores, deshonestidad y las políticas que han establecido. No podemos acercarnos a esta misión con resentimiento, obviar a quienes quieren escucharnos e insultar a aquellos que nos han insultado. Debemos ser claros, discutir con hechos, crear con ideas y reconocer que hay temor en esta nación por los cambios demográficos. Esto no quiere decir que debamos excusarnos por querer el cambio, creyendo que es mejor una sociedad inclusiva. Quiere decir que debemos hablar con voz fuerte y calmada para que refleje nuestras experiencias y no nuestras amarguras. Una voz con ideas y propuestas de soluciones que no repita el tratamiento que muchos hemos visto, escuchado y sentido por al menos tres generaciones. Debemos buscar una sociedad más inclusiva, tolerante, comprensiva e igualitaria.

Is the Latino power for real?

By Arnoldo Torres

Since 1980 every election cycle has had the annual “sleeping giant” column about Latino political power. Today we have more media coverage and more Latinos/as in political positions my generation could only imagine. In fact there has been an increase of 63.6% in Latino/a elected officials from 1996(3,743) to 2015(6,124). But are we any different, better, than those we have replaced? Not much, sad to say.

I can remember marching against the Vietnam War in 1965, “riots” at my high school amongst Whites, Blacks and Chicanos in 1970/71, and Chicano and Black voices from 1968 to 1971 sharing and doing very inspirational things. These and many more such experiences helped form my belief that once Latinos gained a place at “the table” of decision-making we would do better than those before us. The life experiences my grandparents and parents had had in the US and those I had to deal with, underscored that I wanted to improve on the model. I didn’t want to repeat the mistakes of those in power before and during my young years. Because of these generational experiences, I believed mine would pursue a more inclusive, tolerant, understanding and egalitarian society.

Over my more than 30 years in the world of politics and public policy I have seen and dealt with too many Latino/a politicos who play the same games, have the same egos as those we complained ignored us and we have sought to replace. Many of these Latino/a politicos were taught by very poor teachers—Democrats and Republicans more interested in attaining and maintaining power than solving problems. We seem to ignore the reality that Democrats sound and act better because too many Republicans are so offensive and mean-spirited. We do not hold both parties accountable for their policies. We hold only one because they are so bad most of the time. In most instances this double standard has not brought the progress we were told, and too many Latinos believed and continue to do so, that Democrats would bring about.

One only needs to read the PEW Research Center studies to see that so many of yesterday’s problems are still with us. A prime example is education where another generation of Latino children attend poor performing public schools, the same school system that has long discriminated against us but is defended by Latino elected officials more often than not!

If you believe all of the media coverage by English and Spanish language media about our political power how is it possible that our existence in this phenomenal nation continues to be full of the same issues we had two generations ago? While Latinos voted in record numbers in the 2014 Congressional elections, 18 million eligible Latinos did not vote. A fact not shared by the media was that Latino non-voters outnumbered those who voted by 3 to1. In 2016 we will have 27.3 million Latinos eligible to vote with 44% being millennials (born in 1981 or later). How many of us will vote? Will we vote with purpose and vision, or out of fear?

A great deal is at stake this election, but every election is vital to our community. We cannot continue to vote Democrat because Republicans are so bad. Republicans largely have given up seeking a partnership with us and Democrats have long ago taken this for granted as they have taken for granted the black vote. It is time that we become responsible for our plight, that we come together to develop ideas, policies, strategies for reaching what we all believe this nation offered the world—a fair chance at success in whatever manner we define it.

History keeps telling us that we must take more control and responsibility for making change. But we cannot ever ignore that our goal is not to be like those we seek to replace; their values, dishonesty and policies they have established. We cannot approach this mission with resentment, speak past those we want to hear us, insult those who have insulted us. We must be clear, factual in our discussions, creative with our ideas, cognizant that there is fear with the demographic change this country has been experiencing. This does not mean we apologize for wanting change, believing that a more inclusive society is a better society for all. It means that we speak with a strong and calm voice, a voice that reflects our experiences but not our bitterness, a voice and manner that has ideas and proposes solutions and does not repeat the treatment so many of us have seen, heard and felt for at least three generations. We must pursue a more inclusive, tolerant, understanding and egalitarian society.

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