Paseo en kayak de latinos en el East River de Nueva York cortesía del North Brooklyn Boathouse Club

Paseo en kayak de latinos en el East River de Nueva York cortesía del North Brooklyn Boathouse Club

El sonido del kayak golpeando el agua, el viento refrescando mi rostro, los edificios de Manhattan reflejados en el Río Hudson o East River y la posibilidad de conocer esta ciudad desde una embarcación de remo, me están cambiando la vida en la ciudad de Nueva York.

Jamás me imaginé que el kayak tuviera esa fuerza. Esa diminuta embarcación me está llevando a conocer Nueva York de una manera diferente y sorprendente. En este proceso he conocido gente sensible e inteligente y estoy aprendiendo a valorar más el medio ambiente.

Mi amor por la naturaleza y el agua me fueron inculcados desde niño. Nací en Bogotá, Colombia, pero esa ciudad en aquel entonces no trataba bien los árboles y nunca se ha preocupado por preservar el agua. Fueron los paseos al departamento de Risaralda de la mano de mis padres los que hoy me han servido para entender la importancia de preservar los ríos y el agua, además de proteger la naturaleza.

Conozco la bahía de Nueva York con su Estatua de la Libertad y Ellis Island, he cruzado todos los puentes que conectan a Manhattan y me he bañado en la mayoría de las playas de los cinco condados de esta ciudad. Nunca he entendido cuando la gente se muda a Miami bajo el argumento que quieren estar en contacto con el agua. En la Gran Manzana hay más agua, naturaleza e historia que en la mayoría de las ciudades de los Estados Unidos.

Pero para conocer a Nueva York desde un kayak hay que tener espíritu aventurero y estar dispuesto a mojare. Es decir, hay que hacer el curso y sudar bajo el sol o las estrellas. Los paseo en kayak en la noche son inolvidables.

Mi primera recomendación es no tenerle miedo al agua o las olas. La mayoría de los accidentes en kayak o canoa son porque la gente entra en pánico al contacto con el agua o cuando hay algún percance. Luego les aconsejo inscribirse en alguno de los clubes gratuitos que ofrece la ciudad de Nueva York, como el Long Island City Community Boathouse (LICCB), en Queens, o el North Brooklyn Boat Club (NBBC), justo debajo del puente Pulaski.

En estos clubes, además de aprender a remar, también se pueden tomar clases de radio marítimo, manejo de corrientes de agua, preparación de viajes en el East River y entrenamiento para rescatar y recuperar a cualquier persona que caiga al agua después que su kayak o canoa se voltee. Recuerde que entre más preparado se encuentre, podrá disfrutar mejor de los viajes y sus aventuras en kayak o canoa. Con el tiempo y si desea tomar clases privadas, también hay instructores a los cuales les puede pagar o acudir a clubes privados como Manhattan Kayak Company en donde cobran por los viajes a diversos sitios de la ciudad de Nueva York.

Monica Schroeder, además de ser una instructora de kayak en el NBBC y experta en radio marítimo, tuvo la visión de preparar un paseo en kayak para las personas allegadas a la publicación QueensLatino. Su esposo Robert Schroeder también nos acompañó en esta primera aventura dedicada exclusivamente a la comunidad latina. El NBBC está tratando de integrar a los latinos a este pasatiempo acuático. Es un proceso educativo que abre la mente a otras experiencias en esta ciudad.

Salimos de la sede del NBBC el sábado 20 de agosto a las 11 de la mañana y a los pocos minutos estábamos enfrentando las olas en el East River. Los kayak se montaban encima de las olas y nadie se quejó de miedo o de mojarse. Todos tuvieron agua suficiente para tomar y poder remar hasta Roosevelt Island, pasar por debajo del puente de la calle 59 y regresar sin contratiempos a pesar de la lluvia.

Julio Malone y Diana Vargas con el puente de la calle 59, que comunica a Queens con Manhattan, en el fondo.

Julio Malone y Diana Vargas con el puente de la calle 59, que comunica a Queens con Manhattan, en el fondo.

Diana Vargas compartió el kayak con Julio Malone, Eduardo Giraldo uso un kayak individual mientras que su hijo Sebastián remó al lado de su amigo John. Mi gran amigo Oscar Frasser compartió el kayak con su compañera Mary y Rafael Parra remó con fuerza para que su compañero de kayak y periodista, Mauricio Hernández, pudiera tomar algunas de las fotos que acompañan esta nota.

Fue un paseo inolvidable y todos quedaron con ganas de volver a montar en kayak, hacer cursos, conocer a Nueva York desde el agua y divertirse. Mónica siempre estuvo al frente, enseñando a remar y a reconocer los peligros, guiando el grupo en el agua, mientras que su esposo Robert estuvo detrás del grupo con el fin de ayudar en caso de naufragio o fatiga.

Al final del viaje y bajo una persistente llovizna, todos disfrutamos de empanadas colombianas, aceitunas, quesos, cerveza y vino. La selección de la comida fue de mi esposa Luisa. La conversación se centró en cine, política (Donald Trump, por supuesto), la naturaleza, la poesía, el amor y kayak.

El grupo de latinos compartiendo en la sede del North Brooklyn Boat Club bajo la orientación de Monica y Robert Schroeder. Foto cortesía del NBBC

El grupo de latinos compartiendo en la sede del North Brooklyn Boat Club bajo la orientación de Monica y Robert Schroeder. Foto cortesía del NBBC

Como yo tengo más experiencia, he hecho varios cursos en los últimos dos años y el kayak me ha fascinado, al día siguiente me monté en un sea-kayak para ir de la calle 42, en el Río Hudson, hasta más allá del Puente Washington. Un total de 18 millas y 5 horas de viaje contra la corriente, el viento y las fuertes olas. Terminé cansado, pero encantado de ese vieja que me alejó de la rutina y me conectó con la naturaleza. Además, estoy adelgazando.

Por primera vez pude ver de cerca a los peces saltando alrededor de mi kayak. Ahora me preparo para darle la vuelta a Manhattan en Kayak. El paseo dura ocho horas y son 24 millas.

Javier Castaño enfrentando las corrientes y las olas cerca al Washington Bridge de Manhattan un día después del primer viaje de latino en kayak del NBBC. Foto cortesia de MKC

Javier Castaño enfrentando las corrientes y las olas cerca al Washington Bridge de Manhattan un día después del primer viaje de latinos en kayak del NBBC. Foto cortesia de MKC

El miércoles de la semana pasada también realicé un viaje de la sede de NBBC debajo del puente Pulaski al Parque Sócrates en Long Island City para ver la película Aguirre, la ira de dios. El líder del grupo fue Vincent Bonomi, instructor acreditado de kayak. Regresamos en los mismos kayaks después de las 10 de la noche y con las luces encendidas para que otros botes notaran nuestra presencia en el río en medio de la oscuridad. Las luces multicolores del Empire State Building y el letrero rojo de Pepsi-Cola nos ayudaban a identificar el camino en el East River.

Mi objetivo es ayudar a que más latinos se vinculen a hacer kayak en Nueva York, que es gratis puesto que la ciudad provee el kayak o la canoa, el salvavidas y los remos. Aprendamos a disfrutar la ciudad de Nueva York desde un kayak o canoa si usted lo prefiere.

Javier Castaño

 

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