Gloria Medina

Inés Arévalo dijo sentirse toda una mujer en su plenitud, orgullosa de su vida y de todo lo que hace. Sin arrepentimientos.

Arévalo, de 40 años, se refiere a su trabajo en el sector de la construcción, el que desempeña desde hace casi dos años y tiene planes de continuar haciéndolo. Arévalo dijo haber empezado desde abajo, recogiendo basura, escombros y haciendo limpieza. Ahora mueve materiales, utiliza máquinas pesadas, hace carpintería, electricidad y promería, arma paredes y estructuras, pinta y pone pisos de cerámica o madera.

“Tuve la ventaja de encontrar maestros con paciencia y aproveché la oportunidad”, dijo Arévalo. “Además, me estaban pagando, aunque no era bueno el salario, estaba ganando conocimiento y experiencia”.

Inés Arévalo poniendo pisos.

Inés Arévalo poniendo pisos.

“Decidí venir a trabajar para poder pagarle el estudio a mis tres hijos”, dijo Arévalo. “Están orgullosos de mí y son los que me dan fuerza para seguir”.

“El hombre nos gana en fortaleza, pero nosotras en creatividad, detalles, acabados, paciencia y precisión”, añadió Arévalo, quien desea empoderar a otras mujeres para que hagan lo mismo.

Arévalo quiere luchar por la igualdad, no cree en el machismo o el feminismo y rechaza los estereotipos porque destruyen las culturas. “Al comienzo los hombres me decían que me fuera a cocinar, a trabajar en restaurantes, o que buscara marido”, dijo Arévalo.

“Un día estaba trabajando con mi ropa de construcción y cuando amarraba mis botas, varios hombres comenzaron a desvestirse frete a mi, como si nada. Me llamaron Luis, pero les dije que era Inés y entonces se avergonzaron porque no podían creer que era mujer”, recordó Arévalo.

Se inició como jornalera en la calle 69 y la Avenida Roosevelt tan pronto llegó a Nueva York en el 2016. Ha trabajado en otros estados. Quiere ser maestra de construcción y tener su propia empresa de construcción en Ecuador. Le gusta cocinar, montar en moto, caminar y entrar en contacto con la naturaleza.

“He cumplido las metas como mujer. Soy hija, esposa, madre, compañera, amiga y siempre he disfrutado con una pasión absoluta”, dijo Arévalo. “Ya puedo morirme tranquila porque siento que he vivido mi vida a plenitud”.