Nadal y Stephens ganan el US Open en Nueva York

Nadal y Stephens ganan el US Open en Nueva York

 Nadal y su “I love New York”

Si Roland Garros ha sido su hábitat natural, el ‘número uno’ siempre ha culminado en Flushing Meadows sus mejores temporadas

Tanto la ciudad como el público de la Arthur Ashe conectan con su carácter

Sin ser su torneo ni su superficie favorita, el Abierto de Estados Unidos tiene una profunda significación en la carrera de Rafael Nadal. Los tres títulos conseguidos en Flushing Meadows han llegado en momentos deslumbrantes dentro de una biografía deportiva que lo es de por sí. Si Roland Garros es su escenario natural, el hábitat donde su tenis alcanza su mejor plasmación, el US Open conecta estrechamente con su temperamento sobre la cancha. Nadal es ardor y sangre, un combatiente infatigable de los que llegan al corazón de una ciudad que se caracteriza entre otras muchas cosas por su enorme vitalidad.

En 2010, con 24 años, Nadal se convirtió en este torneo en el séptimo hombre que redondeaba los cuatro grandes, el más joven en la era profesional. Tampoco en aquella ocasión había llegado al torneo con avales solventes en la gira americana previa. De hecho, en una conversación con este periódico, en la Quinta Avenida, en Nike Town, donde presentó una camiseta ya confeccionada con el lema «All for one», el día después de superar a Djokovic en la final, comentaba que había pasado un par de semanas revisando vídeos de cuándo ejecutaba bien su revés.

Aquel cambio en el ‘grip’

No fue el único ajuste que realizó. Tampoco el servicio le ofrecía garantías. Antes de iniciar su participación en Nueva York, mientras entrenaba con su amigo Juan Mónaco, vio con preocupación lo mucho que le costaba ganar su saque con el viento en contra. Modificó su empuñadura para el servicio, con un ‘grip’ más continental que le permitiera penetrar mejor el cuerpo de la pelota. Tomó la decisión, infrecuente en vísperas de un torneo de esta categoría, por iniciativa propia. En los seis juegos previos a la final sólo cedió su servicio dos veces, tras servir en 91 ocasiones.

El Abierto de Estados Unidos fue la culminación de una temporada sublime, la única en la que ha sumó tres títulos del Grand Slam. Había ganado el quinto Roland Garros y el segundo Wimbledon y aún le quedarían arrestos para levantar en Tokio la séptima copa del año y pelear con Federer en la final de la Copa Masters. Por segunda temporada en su carrera, tras lograrlo en 2008, terminaría como número 1 del mundo.

Nueva York como sede de otra vía más para ingresar en la historia, al lado de Perry, Budge, Laver, Emerson, Agassi y Federer, quienes le precedieron a la hora de conquistar todos los majors; el US Open como centro de audaz y experimentación. Todo tras uno de sus sonados retornos, después de haber perdido con Soderling en los octavos de Roland Garros de 2009, como preludio a un largo período en el arcén debido a sus problemas de rodilla.

Candice Bergen, Jerry Seinfeld, Hilary Swank y Tony Bennett, durante la final. EFE

Tardaría tres años en volver a ganar en Flushing Meadows, en el colofón de otra de las manifestaciones de un temperamento incombustible. El pasado viernes, tras ganar a Del Potro en semifinales, preguntado sobre si estaba jugando mejor que nunca, Nadal se remitía a 2013 como el curso en el que había desarrollado un tenis más completo. En julio de 2012, perdió ante Rosol en segunda ronda de Wimbledon e hizo frente a la más larga de sus lesiones al reproducirse los daños en el tendón rotuliano. Llegó a dudar de que pudiera volver a competir en la élite.

El segundo título, nuevamente contra Djokovic, en el Abierto de Estados Unidos, sería la plataforma para abrir su segunda etapa al frente del circuito. Lo conseguiría semanas después en Pekín, pese a perder la final contra el serbio. Era otra vez un Nadal sano, plenamente competitivo, que cerraría el curso con un total de diez títulos, la segunda temporada más fecunda, mejor que la de 2005, cuando ganó 11, en términos cualitativos. Acabaría por tercer año en lo más alto.

US_Open_logoStephens somete a Keys y gana en Nueva York su primer ‘grande’

Tras 11 meses de baja por la lesión, la victoria corona su asombroso torneo

Amigas desde hace años, ambas se estrecharon en un largo abrazo en la red y acabaron charlando largamente en sillas contiguas sobre la pista

La fiesta que el tenis estadounidense inauguró el pasado miércoles, cuando cuatro mujeres de esta nacionalidad coparon las semifinales del torneo tuvo en Sloane Stephens su definitiva heroína. En el 60º aniversario del triunfo de Althea Gibson, la primera jugadora negra que ganó un título del Grand Slam, otra tenista de color levantó la copa en el Abierto de Estados Unidos tras vencer a Madison Keys en tan sólo una hora.

Es la de Stephens, nacida en Florida hace 24 años, una historia sorprendente. Después de once meses fuera de las canchas debido a una lesión en un pie, inició la temporada de pista dura desde el puesto 957º del ránking. Nadie contaba con ella para un logro como el suscrito en Flushing Meadows.

Mucho más serena que la arrojada Keys, quien, fiel a su ADN, buscó los puntos sin mayores contemplaciones, Stephens, semifinalista del Abierto de Australia en 2013, hizo valer su tenis contenido, menos vistoso para el espectador. Rompió en dos ocasiones en el primer parcial y tomó ventaja en una final sin apenas ritmo, en gran medida debido a la catarata de errores de Keys.

Superada por la situación

Ganadora hace pocas semanas en Stanford, considerada por los especialistas como una de las mujeres con mayor proyección en el circuito, Keys se vio superada por la situación. Ambas debutaban en una final del Grand Slam, pero el peso de la responsabilidad pareció caer exclusivamente sobre ella.

En la primera final estadounidense del milenio sin las hermanas Williams sólo hubo lugar para Stephens, la cuarta tenista en la era profesional que se lleva un ‘major’ sin partir como cabeza de serie. Keys, llorosa incluso durante el partido, completó su particular haraquiri en el segundo set. Cometió 30 errores no forzados en el partido, por sólo seis de la vencedora.

Escenas conmovedoras

Amigas desde hace muchos años, acabaron fundidas en un prolongado abrazo sobre la cinta y charlaron después largamente en sillas contiguas sobre la pista. Fueron escenas conmovedoras. En una actitud admirable, la vencedora logró transformar el llanto de Keys en una sonrisa.

El curso de los ‘grandes’ se cierra así con cuatro campeonas distintas. Serena Williams, que tiene previsto su regreso para el Abierto de Australia tras haber sido madre, venció en Australia; Jelena Ostapenko lo hizo en Roland Garros; Garbiñe Muguruza, que el lunes se estrena en el número 1, se llevó Wimbledon, y Sloane Stephens, que saltará al puesto número 17, sale campeona del Abierto de Estados Unidos.

Javier Martínez (Enviado especial)

El Mundo

 

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