El desencanto político y la violencia a la vuelta de la esquina

El desencanto político y la violencia a la vuelta de la esquina
Los resultados de las elecciones municpiales neoyorquinas son en extremo preocupantes, un 76% de abstención es muy alarmante. El alcalde Bill de Blasio se reeligió con un 64% de ventaja, unos 600 mil votos,  un minúsculo 14% de los 4.3 millones de neoyorquinos registrados para votar.

Sólo votó un millón; 3.3 millones escogió la abstención.
Con el apoyo del 14% del universo de votantes, queda claro que la mayoría restante, el 86% de los neoyorquinos, no quiere a de Blasio, o sencillamente no les importa si vive o muere.
Tenemos un serio problema de representatividad, la oxidada “democracia representativa” agoniza, el poder político se concentra en tan pocas manos como está el poder económico.
En el 2011 el mundo se levantó contra la concentración de riquezas y poder político. Inició la Primavera Arabe, siguieron los Indignados de Madrid, los de Grecia, Occupy Wall Street, de manera pacífica, pedimos, rogamos, pero nada logramos.
Reafirmaron la concentración y el control. Egipto tiene dictador nuevo, las riquezas y el poder político, ahora están más concentradas que nunca en poquísimas manos.
La abstención electoral es la segunda protesta, si ignoran nuestros reclamos, ignoraremos su juego electoral, que jueguen solos, no votaremos.
A la minoría económica del 99 por ciento se suman los jefes políticos enriquecidos a la sombra del poder.
Vendrá una tercera ola de protestas, no será pacífica ni de abstención, será violenta.
En su ensayo “El Gran Nivelador, violencia y la historia de las desigualdes económidas, desde la edad de piedra hasta el siglo 21”, Walter Scheidel demuestra que sin violencia, nada cambia.
Con la violencia como destino ineludible tenemos dos opciones. La armarán los de abajo, o los de arriba dirigirán una carnicería y, quienes sobrevivan, estarán tan agradecidos de estar vivos, que nadie hablará de desigualdades económicas.
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